Cuento de Lengua
Porque me siento estúpidamente orgullosa de que esta historia ganase un simple concurso. Y más importante, para ver como queda la primera entrada del blog ^^
Canciones para dormir a los muertos
(Giovanna Tornabuoni)
Erguida y tensa, con el rostro cubierto por el oscuro velo, Giovanna miraba sin ver la triste escena que se desarrollaba ante ella. Sostenía un arrugado y destrozado papel, cuyo mensaje bailaba en su mente y ardía en su corazón, alimentando la llama que la mantenía con vida y desgarrando con su fuego un alma cansada de caminar. Palabras del hombre que la amaba. Palabras de un desconocido. Pero sobretodo, palabras de un asesino.
Los ojos de todos los presentes estaban fijos en una única figura. La viuda del difunto conde seguía de pie al lado de la tumba del que otrora fuera su marido, a pesar de que la ceremonia había terminado hacía tiempo. Muchos eran los que, entre susurros, se quejaban de su tardanza, pero las estrictas normas de cortesía les impedían abandonar el recinto antes que ella. Tampoco nadie se atrevía a decirle nada, pues temían la respuesta de sus labios, que, a pesar de la negra tela del luto, se adivinaban tensos y crispados. El ronco ladrido de un perro en la lejanía pareció sacarla de sus lúgubres pensamientos o, simplemente, su propia mente decidió volver a la realidad. Lo único que les importaba a los invitados era que, con su caminar, un tanto lento y vacilante, hacia el carruaje, ellos podían regresar a sus respectivas casas para disfrutar de los placeres que un entierro les negaba.
Giovanna no oyó las risas que en el pasado la hubieran molestado. Ni siquiera escuchó las condolencias de aquellos que se acercaban a ella. Mientras caminaba hacia su coche sólo percibía la presa que se iba cerrando entorno a ella, más oscura y amenazante que nunca. Toda persona era un enemigo, todo sonido una amenaza, únicamente el carruaje parecía un lugar neutral, sin llegar a ser un refugio seguro. No podía evitar preguntarse quién, de entre toda esa marea de rostros, era el culpable, el que la había estado engañando durante los años que duró la guerra. ¿Quién sabía tanto de ella como para cautivarla con sus palabras? ¿Quién era capaz de guiarla bordeando los senderos de la locura? ¿Quién se había acercado al insigne conde durante el fragor de la batalla para asestarle la puñalada final? ¿Quién era él que la observaba, él que medía sus pasos, él que la seguía como un cazador experimentado?
Una sacudida le indicó que ya había llegado a su residencia. ¿Había recorrido todo el camino en tan poco tiempo? A ella al menos le parecía imposible.
Podía recordar cómo unos cuantos años atrás, en ese mismo portal, había leído sorprendida una carta anónima, que, debido a su contenido, no podría ser más que de su marido. Rió amargamente. “Los ojos están ciegos a las evidencias cuando el corazón no quiere creerlas” pensó al darse cuenta que acaba de comprender y aceptar el significado de esa sentencia en su totalidad. ¡Qué necia había sido! El hombre con el que se había casado vivía para la riqueza y la guerra, no contemplaba la idea de que su mujer pudiera necesitar algo más que ropas, comida, casa y alguna visita de tanto en tanto. Y sin embargo ella se permitió soñar durante un tiempo que tenía una idea equivocada de él, que esa fachada de hombre frío y distante no era más que un disfraz, una imagen. Pero no era más que eso, un sueño, y como ocurre con todos los sueños estaba condenado a terminar tan pronto como despertase.
La puerta estaba cuidadosamente cerrada. Sobre ella se había colgado un sobre de fina seda, con un único nombre como reseña.
- Alfred… No es necesario que esperes por más tiempo. Puedes marcharte ya.
- Pero, señora…
- No, no te preocupes. –atajó rápidamente- Ha sido un día largo y duro para todos. Sólo quiero…-no parecía segura de que debía contestar- descansar. Sí, descansar por fin.
- Espere,-dijo dándose cuenta de las vacilaciones de su ama- no está bien que…
Sus últimas palabras no fueron oídas más que por la madera que protegía la entrada al pequeño palacete. Debía enfrentarse sola a lo que la esperase.
Una vez dentro, Giovanna se abandonó a la más honda desesperación. Sus piernas no pudieron sostenerla por más tiempo y allí, tendida sobre el suelo de mármol, abrió el sobre. Las manos le temblaban mientras leía la misiva: Volveremos a estar juntos, ya nada nos separa. No era la primera vez que se encontraba con esas palabras.
Cuando los castillos que tanto le había costado construir se derrumbaron, el sol iluminaba con elegancia el jardín y todo lo que en el se encontraba. La noticia de la muerte de su esposo había sumido el lugar en un profundo silencio, por lo que el grito que arranco de su garganta desgarró sin resistencia alguna la atmósfera de tranquilidad en la que el mundo reposaba. Su puño cerrado sujetaba una carta, la última carta anónima. Descubierta la trampa a la que tan mansamente se había dejado conducir, las floridas frases tomaron un cariz peligroso. Las promesas se convirtieron en amenazas. Las súplicas en órdenes. Los recuerdos en sufridos lamentos.
Otra vez recordaba esas palabras. Otra vez pudo sentir como se abrasaba por dentro. Pero esta vez no había nada que detuviese su caída; la determinación, la rabia y la entereza habían desaparecido con las luces del exterior. Las lágrimas, símbolo de la derrota del cuerpo ante el corazón, adornaban el suelo.
Pasos a su espalda. Un ligero roce en la mejilla. Un suave susurro al oído. Y, finalmente, allí estaba su perseguidor ante ella. Alto y orgulloso, sonriendo con dulzura y autosuficiencia a una mujer arrodillada y derrotada. Giovanna no podía apartar sus ojos de él. Quizás acabara por desaparecer. No podía ser él. Era imposible. Y al mismo tiempo era lo único que tenía sentido.
Joven y agraciado escudero, gran guerrero, perfecto cortesano y consumado músico, cuyo único fallo había sido escoger a la mujer equivocada… no dudaba en proclamar su amor hacia la mujer de su protector, de demostrarlo con sus acciones, intentando conquistarla, embelesándola con sus tonadas de rima fácil y pegadiza, llegando incluso al extremo de colarse en los aposentos privados de la condesa. Cosas de la edad, juegos de adolescentes o ideales trovadorescos lo llamaban mientras dejaban escapar una risa ligera. Y ella les había creído, a pesar de que en su fuero interno veía la fijación de aquel chico, a penas un muchacho imberbe, como un comportamiento propio de un maniaco. Sin previo aviso, estalló la guerra. Conde y escudero partieron junto a todos los demás en busca de su cachito de gloria. Lo que en un principio hubiera servido para templar el carácter del joven, no hizo sino empeorar la situación. La visión de la muerte, el sentimiento de vulnerabilidad y, al mismo tiempo, el descubrimiento de su nueva fuerza y del poder que el cargo de caballero le otorgaba acrecentaron la necesidad que sentía de poseerla, de tenerla a toda costa. De este modo, las cartas que habían comenzado como una forma de desahogarse, pasaron a ser la razón de su existencia. Una vez dejaron de ser suficientes, sus pensamientos se volcaron de lleno en su único rival, en el que había sido como un padre para él.
Su cuerpo, ahora crecido y endurecido con el ejercicio constante, y sus rasgos, abandonada toda la redondez de la infancia, hacían del nuevo hombre un completo desconocido que, sin embargo, Giovanna reconoció sin problemas. Conservaba la misma mirada, la misma expresión, los mismos gestos. Resultados de la obsesión febril que había guiado sus pasos desde la primera vez que la vio asomarse por el balcón.
La situación era demasiado para cualquier persona, más incluso para ella, que se sentía culpable del destino de ese joven. Las barreras de autocontrol se derrumbaron limpiamente cuando la presión se hizo incontenible. El desconsuelo se adueñó de su ser. El pesar inundó sus sentidos. La angustia se llevó su aliento. Giovanna se estaba desmoronando. El temblor de sus manos se extendió por todo su cuerpo sin que el torrente de lágrimas cesara en ningún momento, sin que eso la consolase en modo alguno, haciendo más profundas las heridas que sangraban dentro de ella. Nunca había estado peor. No podía haber algo tan duro. Pero, otra vez, volvía a equivocarse.
Unos brazos, autoritarios y a la par cariñosos, rodearon su cintura y la obligaron a apoyar la cara en el hombro del caballero, donde pudo esconder con facilidad su expresión de total desamparo. Con movimientos rítmicos y constantes su captor intentó tranquilizarla, acunándola, llevándola a un estado de falsa tranquilidad. El hombre dejó que se oyera su profunda voz por primera vez:
Duerme, amor, que todo duerme…
Una nana, lúgubre y trágica en aquella situación, que, sin ella saberlo, repetía cada fibra de su cuerpo. Poco a poco la lenta y acompasada melodía empezó a instalarse en su interior, entrelazándose con su propia serenata, la canción de toda su vida. El miedo y la incertidumbre, hermanos en estos últimos días, se despidieron de ella. Después fueron la impotencia, la rabia, la pasión, el dolor, los remordimientos, la esperanza y luego… nada. Se vació por completo, dejando un cascarón hueco como único recuerdo de una vida pasada. Era una parodia de la existencia. Una muerta en vida. Una sombra con cara de ángel condenada continuar en un mundo que había dejado de ser el suyo. Una autómata que bailara al son del titiritero, una persona nunca más humana.
Ya nada podía herirla. Ya nada emanaba de ella. Ya nada importaba. Ya no quedaba nada.

3 ...solos de guitarra:
¡Bieeeeeen!
Como creo recordar que te dije, me encanta como escribes y lo bien que lo has expresado, me dejas sin palabras, pequeñaja mía...
Al final; ¡Me hiciste caso en la temática! Yo creía que a mi se me oía pero no se me escuchaba xD ¡Es genial!
Espero leer más relatos como este, y que este blog que hemos "hecho juntas" te sirva para expresar todo lo que guardas en tu fuero interno... =)
Te quiero, hermanita~ =)
cateeeeeeeee!! ^^
wenu, aqui esta
'encantadora'
xa dejarte una firmita, siii! jiji
tenias blog y nu me lo has dixoo!!
jaja!
los cuentos de lengua molan mazo, yeeeah!
y el video o 'paranoia musical' cmo dices tu tb esta genial!
no conocia al grupo.. xo seguro q me hago fan jajaxDD
wenu, q.. q decirte?
q a mi no se me da tan bien esto cmo a ti.. xo q voi a intentarlo!
pueees... nos conocemos ia desde hace.. 4 anios?
y desde el primer momento me caiste chachi*
me acuerdo q llego gLo..* a casa y me conto q habia conocido a una ninia muy especial..
esa eres tu! jiji ^^
wenu wapa, q espero q no cambies.. q eres perfect!
un besitooo* muaaa!! ^^
( jham, jham, me estoy preparando...)
weeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!
ya esta y le he añadido una letrilla, jeje!
no, jope! que hay que tener sus narices para escribir como escribes, valga la redundancia, y espero que cuando me vuelva a pasar por aqui hayas escrito mas y mas y mas...(presionando =P)
Y bueno, espero que te acuerdes de mi cuando seas famosa =)
Besotes!
pi...pi...pi...(comunicando)
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