lunes, julio 23, 2007

She is a rocker

Bueno, no es que se adapte mucho al título, pero sale una niña con una guitarra. Y así pongo algo que tenga que ver con el nombre del blog xD

Su caminar era una espera entre el despegar de un paso y el siguiente. Un continuo avance sobre el asfalto y la arena, la hierba o el hielo. Era un ritmo constante, acompasado, único. Así era como avanzaba sin más por la dura superficie que ofrecía el suelo, cada vez más lejos del origen y, sin embargo, nunca más cerca del final. También se detenía y esperaba. Oteaba el horizonte, sin encontrar nada, sin saber de nada que encontrar. Paraba cuando era necesario, cuando su acompañante percibía la fugaz estela de su destino. Y tras el lento escrutinio del entorno, olvidada la pista a causa del desengaño, se ponían de nuevo en marcha.

-¿Qué es lo que estás buscando?

-Qué es lo que estamos buscando, querrás decir. Si sólo fuese yo, no necesitaría tu compañía

Sonrió ausente, conforme con sus palabras pero no del todo segura de lo que implicaban. No tenía prisa ni urgencia, por lo que calló durante varios minutos, esperando la respuesta sin el menor deje de impaciencia o contrariedad ante esa elusiva primera contestación.

-Realmente no es nada en particular, nada que se pueda definir… -encaró una ceja, escéptica, volviendo el rostro hacia la voz que hablaba. No iba a dejar pasar la oportunidad de saber- Es simplemente algo distinto, raro… que no encaje –observó una enorme roca que se deslizaba pocos metros por encima- No, no es tan sencillo. Esa roca podría estar ahí o no. Lo que buscamos es algo que no puede estar.

-Algo como tú, más o menos- no se refería a la guitarra de su espalda, con la que conversaba sin mayor problema, sino a lo que contenía en su interior.

-Sí, algo que no sea de este universo.

Vislumbró una ciudad, un lugar formado a su vez por distintas urbes y pueblos, por castillos y monumentos de toda clase. Con un pequeño salto dejó atrás el mar seudo fluido por el que avanzaba para adentrarse en el laberíntico sendero que conformaban las calles de la población.

-Interrupción, como mínimo- oyó murmurar a las cuerdas.

No era la única que transitaba esa calle. A su alrededor la gente se desplazaba en uno y otro sentido, echando de vez en cuando una mirada a la niña y su guitarra que, andando con pasos erráticos, no se sentía segura ante la dirección que debía tomar. A su alrededor se abrían distintas calles conforme recorría la vía y, sin un lugar al que ir, cada camino era tan malo como el otro. Su acompañante había enmudecido y no se ofreció a ayudarla en su indecisión. Inconscientemente se dejó llevar por el flujo de personas, moviéndose con la mayoría. Esta le llevó hasta una enorme plaza, abarrotada no sólo de personas sino también de animales, que luchaban constantemente por mantenerse en su sitio. ¿Un mercado? Al menos era la palabra que más se aproximaba.
Le costaba creer que lo que volaba de un lado a otro fuese dinero, encajes, comida, pollos, sedas… Aunque está forma de intercambio, bien mirada, resultaba más sencilla que abrirse paso entre la muchedumbre y realizar la transacción de mano a mano.
Empujada por la marea se vio arrastrada de un lado a otro, incapaz de hacer nada en contra, o de puesto en puesto para evitar ser aplastada. De entre la cantidad de impresiones que el sitio le causaba se elevó un sentimiento, una necesidad que no se había presentado hasta ese momento: tenía hambre y sed. Lo que debería haber sido una realidad desde bastante tiempo atrás se materializo en su interior ante el olor que desprendía un tenderete de carne a la parrilla. La boca se le hacía agua y las tripas le crujían mientras se sorprendía ante ese repentino ataque. Se había creído fuera de tales necesidades aunque estas sólo habían esperado el momento oportuno para ser saciadas.

-Perdone, ¿Cuánto cuesta un trozo?- sabía, sin comprobarlo siquiera, que sus bolsillos estaban vacíos, pero aún así se quedó con el precio, en la esperanza de conseguir el dinero correspondiente.

Pasó a su segunda prioridad y, al cobijo de una fuente, expulsó la sed que se había adueñado de su garganta. Su tripa también esperaba ser liberada y gruñía en un intento por conseguir un trato equitativo.

-Tienes una guitarra, puedes sacar dinero gracias a ella, ¿o es qué ya has olvidado a los músicos ambulantes? –como respuesta a sus pensamientos, el instrumento puso palabras a una idea cuyo resultado no estaba demasiado claro.

Se descolgó el artefacto y, sentada en una repisa de la fuente, afinó el instrumento con manos expertas. De momento no estaba saliendo mal y al oír los primeros acordes arrancar de las cuerdas empezó a perder un justificado miedo escénico y a embriagarse con la confianza que acompañaba a la música.

-Bueno, sabes como va, así que te lo dejo todo a ti, para no poner trabas al ingenio
Sonrió con sinceridad, aunque hubiera deseado que la guitarra, a parte de saber hablar, también funcionara sola. La perspectiva de enfrentarse a la panda de curiosos que se iba formando a su alrededor no parecía tan terrorífica mientras las notas cobraban sentido. Era la única solución que se le ocurría, por lo que no tenía más remedio que intentarlo y esperar que no aconteciese una catástrofe. Utilizando los pies se quito una de las zapatillas y la colocó delante de ella, para dejar bien claras sus intenciones a los presentes. From lost to the river… ya no se podía retrasar más, tendría que darle vida… aunque, ¿sin amplificador? ¿Acaso se oiría algo entre tanto jaleo? Que rápido terminó el experimento… Incluso se sintió decepcionada al perder la oportunidad de tocar “Me habré golpeado la cabeza, seguro”

-Venga, no intentes escaquearte, yo haré que suene tal y como quieras, siempre dentro de unos límites, sólo puedo manipular un poco el sonido… volumen, algún efecto, poco más –se alegró como nunca de que la guitarra fuera capaz de sacar información directamente de sus pensamientos, simplificaba bastante las cosas.

Lanzando un primer –y último- vistazo al grupo que se agolpaba ante ella (unas pocas personas contentas de tener algo distinto que hacer) empezó la sinfonía.

Comenzó, bastante insegura, con una serie de acompañamientos y punteos que conocía al dedillo, pero, ya calentados los dedos, dejó que estos se movieran solos a lo largo del mástil. Una vez se hubo sumergido en el vendaval la realidad perdió su significado y se halló sola, con la guitarra en sus manos y el sonido en sus oídos. No le hacía falta nada más, sólo el sentimiento de estar creando. Creando un ser bello, sin cuerpo pero con la forma que le daba la melodía; sin vida, pero moviéndose al son del ritmo. Era la felicidad absoluta que busca el alma, la dicha, el gozo, el deleite. Todo.

Tan rápido como había entrado en ese estado salió de él. Seguía tocando, pero su corazón ya no estaba en la canción. Se preguntó el porqué del cambio y, sin embargo, se arrepintió tan pronto como lo descubrió. Entre las personas que se agolpaban a su alrededor había una que resaltaba sobre las demás. No era hermoso –uno no era capaza de recordar sus facciones una vez retiraba la vista- ni alto, ni grande. No armaba jaleo, ni hacía movimientos bruscos. Era por todo lo contrario por lo que destacaba: quieto como sólo lo están las estatuas, el hombre vestía las vestiduras negras de la noche, alimentadas al mismo tiempo por la oscuridad que el mismo albergaba. Lo había visto con anterioridad (entrando en su habitación, persiguiéndola a lo largo del colegio o esperándola al cruzar una calle entre otros sitios), y eso empeoraba aún más las cosas. Siempre se olvidaba de él hasta que volvía a encontrarlo, pues su recuerdo buscaba los pliegues de su memoria para abalanzarse en el momento preciso sobre ella.


-Vaya... Esto viene de antiguo, no hay nada que hacer. Venga, muchacha, ¡corre!

Enfundándose la guitarra echó a correr. No atravesó una multitud que gritaba ante unos codazos y empujones repartidos indiscriminadamente mientras luchaba por abrirse camino. Se encontró corriendo hacia arriba, subiendo unas vulgares escaleras de granito. En su precipitación había perdido la otra zapatilla y su mente sólo podía pensar en el dolor que le causaba el suelo irregular cada vez que sus pies lo golpeaban con fuerza, intentando ganar velocidad para poder huir. La angustia lo cubrió todo con un fino velo que daba a la escena una sensación de lóbrega irrealidad que cambió, en pocos segundos, la ya de por si decaída situación.

“Es demasiado… Duele…Duele… Aggghr” Se sumergía en el sufrimiento. Lo que comenzó como una molestia más se convirtió en un verdadero calvario acentuado por el cansancio y la ansiedad. El dolor creciente de sus pies, el dolor de sus piernas faltas de energía para seguir moviéndose, el dolor de su brazo al rasparse y, por encima de todo, el inexorable dolor que sería caer en las manos del enlutado hombre. Una pesadilla. Todo empezó a nublarse a su alrededor y sus ojos fueron incapaces de seguir llevando la información del entorno al cerebro. Ella siguió ascendiendo, apenas consciente en su agotamiento, cada vez más alto, más cerca de su perdición al mismo tiempo. Era un ratón que corría en busca de una salida inexistente.

Y, finalmente, alcanzó el último tramo las escaleras. Y lo sobrepasó. Y luego, nada. Caía, caía libremente lo que tanto esfuerzo le había costado subir. Hasta que algo detuvo su rumbo, una alas que surgían de alguna parte de su espalda. “La guitarra… pero ¿cómo? Era imposible… por mucho que lo deseara…” La razón estaba recobrando la parte que le correspondía, llenando con su entendimiento los interrogantes que se habían formado durante el viaje. En ese momento la correa se rompió, y ella volvió a caer, contemplando en su descenso el vuelo de su acompañante, una guitarra con alas, una guitarra que hablaba, una guitarra que no era una guitarra. El hechizo se había roto y ahora nada mantenía el escenario que la rodeaba. Las brumas se disiparon en cuestión de segundos y todo desapareció tras ellas.






-Todo vuelve a estar como antes… que aburrido

-Si, bueno –contestó la misma voz- todo se perdió cuando entró en juego ese curioso hombre… tenía demasiada fuerza como para poder cambiar algo.

-Ya, pero el desenlace podría haber sido distinto esta vez, estaba yo con ella –replicó una voz igual a la anterior- Quien sabe, podría haberse enfrentado a ese hombre, las condiciones eran muy distintas. Además también había gente alrededor y tal, eso ayuda.

-Jajaja –rió sin gracia- como si fuese tan fácil librarse de las antiguas pesadillas. Esa niña llevaba soñando con eso desde mucho tiempo atrás, era como su muñeco diabólico particular. Mira lo que pasó nada más entrar en escena, todo cambió para encontrar el entorno ideal que alimentara su miedo.

-Lo que más me molesta –esta vez la voz sonó dulce, compasiva- es que sólo recuerde esa última parte cuando despierte… Con todo lo que soñó debería haberse quedado con cualquier otra cosa

-Sí, merecía más. Me ha gustado esa muchacha, sobretodo por la apariencia que me dio… Nunca había sido una… ¿cómo lo llamaba?... ¡guitarra! Tenía tantas posibilidades. Era tan, no se, voy a echarlo de menos. Ojalá fuera siempre una guitarra. ¡Una guitarra con amplificador! No estoy del todo convencido que esa caja en la que pensaba pueda arrancar todo eso del instrumento…

-¡Y cuando se puso a tocar! –excitación, un cambio bien recibido en la inmensidad del vacío- La de cosas que salían, las vibraciones de las cuerdas, el pulsar de los dedos, era como sentir algo corriendo en mi interior. La música… nunca había experimentado nada similar… -la tristeza se adueño de pronto del ser. El recuerdo del sueño pasado se desvanecía y con ello toda la felicidad que conllevaba- realmente le debo mucho a esa chica… y aún así es tan efímero. No encontramos nada. No conseguimos nada.

-Quizás porque no había nada para encontrar. Nunca te has parado a pensar que ocurrirá cuando encuentres que no hay nadie.

-Eso es imposible… No hay nada único, del mismo modo que yo existo en este limbo debe haber al menos otro igual…

-No es cierto. Es perfectamente posible. Puede que seas el único que existe en los sueños de otros…hasta ahora no has encontrado pruebas de lo contrario por mucho que te has afanado en investigar. Acéptalo, estas solo.

Solo. La palabra retumbó en el interior de su esencia, acallado finalmente por el propio vacío de su interior. Permaneció en silencio durante la eternidad del sin tiempo, pensando, abatido, solo.


-Pero, no puedo creer eso… sino hay nadie más, entonces ¿qué me queda?

En está ocasión no volvió a contestarse a sí mismo.
“¿Qué me queda? Si ni siquiera yo soy algo por mi mismo ¿Qué tengo salvo vacío y nada?”