<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><rss xmlns:atom='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' version='2.0'><channel><atom:id>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926</atom:id><lastBuildDate>Sun, 01 Nov 2009 17:20:48 +0000</lastBuildDate><title>She's a Rocker!</title><description></description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/</link><managingEditor>noreply@blogger.com (Kate)</managingEditor><generator>Blogger</generator><openSearch:totalResults>11</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-7034824361208673573</guid><pubDate>Fri, 08 Feb 2008 22:01:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-08T14:05:20.807-08:00</atom:updated><title>Catigo (Parte 2)</title><description>“Malos hados son los que te acompañaron, eso es todo” Podía oír las palabras de Martín, palabras sólo pronunciadas en su imaginación. Desde que había ingresado en la casa tenía frecuentes sueños en los que se le aparecían conocidos, escenas corrientes de lo que sería su vida si nada hubiera cambiado.&lt;br /&gt;El último de ellos, sin embargo, era un tanto diferente. Como en todos los demás sueños, este también ocurría en un lugar cotidiano: el café, donde pasaba las tardes más frías de invierno. Allí, entre humo y ruido, se encontraba charlando con su jefe, Martín, sobre cosas banales, de las que ni siquiera recordaba, y, como siempre la conversación derivó en el tema favorito de su superior:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;-Y, vamos a ver, Darren, cuando piensas acudir a un recital- su actitud no había cambiado, sentado sin ningún reparo con la piernas sobre la mesa, dueño de la situación, pero el tono de su voz había bajado radicalmente, más confidente, más secreto. Miraba fijamente al muchacho, mostrando la importancia que el asunto le merecía, instándole a admitir su propuesta. Intentaba intimidarle, del mismo modo que hacía con los accionistas inseguros, impidiéndoles pensar con claridad y consiguiendo así un trato bastante favorable e injusto. Pero, como todas las cosas, su método de persuasión tenía un punto débil, que en aquel momento reía para sí mismo, reconociendo su táctica. Vencido, Martín decidió encender un cigarrillo y poder así retirar la mirada manteniendo su dignidad intacta.&lt;br /&gt;Mientras sacaba un pitillo y buscaba su encendedor, el hombre continúo con la conversación, aún sin mirar a Darren, esquivando esa mirada que era capaz de deshacer sus pequeñas y útiles estratagemas.&lt;br /&gt;-¿Qué daño puede hacerte? Desde luego, es mucho más práctico invertir el tiempo allí que en cualquiera de los visores. Puede que allí encuentres respuestas a la mayoría de tus dudas –ahora si que sorprendió al joven. La sinceridad y la preocupación que reflejaban sus ojos, lanzados en un ataque premeditado justo en el momento oportuno, le pilló desprevenido. Incluso llegó a conmoverlo, haciéndole que se replanteara su postura. Al fin y al cabo, Martín no le había dado ningún motivo para dudar de él, podría haberle traicionado mucho antes. Y, si lo que decía era cierto, acudía con regularidad a los recitales, por lo que era tan culpable como él o más…&lt;br /&gt;- No es un lugar tan interesante como lo pintan… -al anciano se le iluminó la cara al adivinar lo que vendría después- Fui a echarle un vistazo el viernes pasado, y no me pareció algo por lo que haya que preocuparse.&lt;br /&gt;-Eso es porque no te enteraste de nada, ¡seguro! Deberías haber esperado una semana, para que pudiera explicarte un poco de que iba la cosa y que era lo que estaban tratando… eres un chico avispado, pero todavía tienes mucho que aprender… aunque es normal que a tu edad prefieras prescindir de los malogrados consejos de un viejo senil –la expresión de falsa decepción quedaba empañada por la radiante sonrisa que no podía ocultar. No sólo por haber logrado su objetivo, sino por saber que había hecho lo que tenía que hacer, por la certeza de que aquello iba a ayudar a su subalterno. En momentos como aquel, Darren estaba seguro de que, de haberlo permitido, habría encontrado en su jefe el padre que le habían negado. Eran patentes la preocupación que el hombre mostraba por el novato, la buena intención de sus consejos y advertencias, y las dificultades que debía superar para mantener en su empresa al más joven, pero a la vez prometedor, vendedor. Pero Darren prefería la invisibilidad, la distancia. Educado para no confiar en nadie, ni siquiera en si mismo, sabía como rodearse de gente sin que ellos supieran quien era, sabía ocultarse de los ojos indiscretos y, lo que era más importante, sabía guardarse sus juicios y opiniones. Como consecuencia, el muchacho recién llegado era conocido por muchos y bien tratado por todos, gracias a sus modales, a su buen parecer y a su carismática actitud, a medio camino entre un artista bohemio, juerguista incansable, y un empresario serio e inteligente hasta lo inimaginable. Su nombre circulaba de boca en boca cuando se anunciaba algún posible ascenso y cuando comentaban alguna venta que parecía imposible. Pero nadie conocía algo más que su apellido y su dirección. Las preguntas sobre su pasado, sus aspiraciones o sus gustos las salvaba fácilmente con una elegante sonrisa y un comentario ingenioso, que hacían cambiar el rumbo de la charla.&lt;br /&gt;-Si no es mucha molestia, –a pesar de todo lo que había vivido, Martín seguía conservando su pasión por el drama y las actuaciones- podría hacer un hueco en su apretada agenda para que su magnifica persona pueda beneficiarte de los conocimientos que poseo sobre esa ilustre asamblea.-viendo que su compañero no estaba de humor, dejó a un lado su mala interpretación- Volver este viernes a otro recital, así cambiara la opinión que tienes.&lt;br /&gt;-¡No! –su voz sonó firme, tajante. En la mesa de al lado, una señora le dedicó una mirada reprobatoria y después volvió a su periódico, todavía molesta por la interrupción. No había sido su intención elevar el tono de voz, pero la escena ya no el parecía acogedora, desenfadada y normal, sino que había descubierto algo extraño, algo diferente, algo insustancial, que le decía que no todo iba bien - No pienso volver por ahí&lt;br /&gt;-Pero, hijo, ¿por qué?- estaba confuso, no imaginaba una reacción tan violenta ante esa petición, que por otro lado, se había convertido ya en una rutina.&lt;br /&gt;“Eso, por qué no… ¿qué ha ocurrido?” se decía a si mismo. Recordó el último viernes… y allí estaba el problema, esa era la pieza que no encajaba&lt;br /&gt;-Hubo una redada… los militares entraron y apresaron a todo el que pudieron… yo no conocía el recinto, así que no tuve opción a huir- notaba como, una vez roto el hechizo del sueño, recuperaba la conciencia.&lt;br /&gt;-Malos hados son los que te acompañan, eso es todo…- su voz era casi un susurro, hasta que desapareció del todo.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Darren se encontró mirando el techo de su habitación con demasiada intensidad, sobretodo teniendo en cuenta que no era más que un trozo de yeso, de un blanco desvaído, sin ningún atractivo o interés. Pero su vista no había estado atenta a esos detalles, sino a las imágenes que su imaginación proyectaba sobre él, imágenes en las que el sueño continuaba… en las que nada había ocurrido, en las que todo seguía igual. Imágenes de una vida pasada que cada vez parecía más lejana e irreal.&lt;br /&gt;“&lt;em&gt;Al menos estoy empezando a aceptar mi situación, en ningún otro sueño había aparecido, ni por asomo, el tema de mi encarcelamiento&lt;/em&gt;” No sabía si tomárselo como algo bueno o malo, como un signo de que ya era capaz de enfrentarse al problema o de que estaba perdiendo toda esperanza de recuperar lo que había perdido.&lt;br /&gt;Ese nuevo detalle, esa pequeña mención al recital, podía significar su perdición o su salvación… todavía tenía que analizar el sueño, reflexionar sobre lo que ocurría en su subconsciente, sobre cualquier cambio que pudiera haber ocurrido en su interior, sobre el estado en el que se encontraba. Un sueño no es más que una sombra, poco más que polvo, un acto inconsciente de la corteza cerebral, un reflejo del alma; pero, en ocasiones, un sueño puede significarlo todo, y, en la mayoría de las veces, nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-7034824361208673573?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2008/02/catigo-parte-2.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-3531964504953548260</guid><pubDate>Fri, 08 Feb 2008 21:55:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-27T14:33:56.682-07:00</atom:updated><title>Sentimientos del animal racional</title><description>-¿Alguna vez has sentido ganas de matar a alguien?&lt;br /&gt;Unos enormes ojos le preguntaban, curiosos, brillantes.&lt;br /&gt;No pudo evitarlo, rió. Las palabras no podía haber surgido de sus labios, más probable era que el viento las hubiera susurrado, impaciente por escuchar una conversación.  Tal era su inocencia, su expresión de completa indefensión ¿cuántos años tendría? Nadie lo sabia, pero estaba seguro de que jamás crecería, no en el sentido de hacerse adulto y abandonar la niñez.&lt;br /&gt;-Claro, hay cada cual… dan unas ganas de atizarle una buena paliza y no volverlos a ver&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Frunció las cejas, pensando. Se le veía un tanto contrariado, como si no entendiese la respuesta.&lt;br /&gt;-No… No era a eso a lo que me refería&lt;br /&gt;Vaya, ahora era el profesor el que escuchaba atentamente, esperando las palabras del discípulo&lt;br /&gt;-Quiero decir… alguna vez… –no sabía como expresarlo exactamente. Decidió cerrar los ojos, y dejar que las palabras se colocasen libremente en sus pensamientos- ¿Has querido que desapareciera alguien?, del mundo digo, que dejase de existir. No, realmente es más que eso- otra vez se enfrentaba a si mismo. Interiormente maldecía el ineficaz lenguaje, el simple acto de la comunicación… ¿Cómo podía alguien liberal de un modo coherente lo que por naturaleza carece de orden? ¿Cómo podía el puro sentir esconderse entra los fonemas? La luz pareció hacerse en su mente. Ya otros habían intentado solucionar el mismo problema. Ya otros habían dejado tras de sí sus obras, testimonios, intentos fallidos, pero arrebatadoramente bellos. El lenguaje hecho arte, arte de humanos imperfectos. El haría lo mismo. Él haría lo mismo, pero a un nivel muy inferior, se corrigió… nunca son buenas las comparaciones – ¿Has deseado ver como la vida se escapa lentamente de una persona, notar como su espíritu abandona el cuerpo y… disfrutar sabiendo que tu mano ensangrentada es la causante de todo esto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Matar, esa era la pregunta. ¿Alguna vez había anhelado matar a otro ser humano? Reflexionó… qué pregunta más rara. Aún así, no quería romper con su política de sinceridad a la hora de enseñar. La verdad, eso buscaba, y la verdad era lo que le daría. ¿Pero cual era? En un examen superficial, nunca se creería capaz de semejante crimen. Sin embargo, la falta de horror ante dicha expectativa le alarmaba, había más de lo que apreciaba a simple vista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se remontó a su infancia, al chico que enturbiaba sus años de juventud. ¿Había deseado matarle? Sí, cuando los puños llovían sobre su pequeño cuerpo indefenso. Cuando su risa resonaba en los pasillos. Cuando su sombra lo perseguía en las interminables pesadillas. Su muerte, en aquellos momentos habría dado cualquier cosa por poseer la fuerza y el poder suficientes para acabar con su mísero caminar.&lt;br /&gt;Después, más rostros resurgieron de los recovecos de la retenida memoria. Las personas variaban, las circunstancias también, pero la sensación se repetía año tras año, irrefrenable, invariable, interminable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué debía contestar? ¿Un sí sonaría muy terrible? ¿Le juzgaría? No quería perderle, era demasiado pronto para que su ahijado lo despreciase. ¿Qué intención encerraban sus preguntas? Estudió su rostro, espejo más perfecto de un alma en desarrolló. Un cristal que la expresión de profundo abatimiento tornó opaco. ¿Conocía ya la respuesta? ¿Por eso el rechazo? Sin dudarlo, el que hacia las veces de sabio atravesó la puerta de sus ojos y sólo encontró más pesar, preocupación…y remordimiento.&lt;br /&gt;Imposible, el chico sufría por el simple hecho de ser humano, de sentir como un humano. De querer matar como un humano, un animal racional, pero animal salvaje después de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empleó el tono más dulce que era capaza de usar, para paliar con el bálsamo de la comprensión el dolor de su interior&lt;br /&gt;-Sí, no debes preocuparte por estos sentimientos. Es normal, toda persona se ha visto arrastrado por ellos. Lo único que te detiene en esos casos es el férreo autodominio – su oyente torció el gesto, había descubierto antes que el maestro que este mentía… era demasiado perspicaz- No vas a permitirme ninguna licencia poética, ¿verdad? Bueno, si conoces la respuesta para que me preguntas –se enojó, no pudo evitarlo… se estaba juzgando a sí mismo, y no le gustaba lo que encontraba- Lo único que detiene la mano de un asesino es el miedo a las represalias. No sólo el castigo impuesto por las leyes, sino también el hecho de tener que huir, el abandono, la incomprensión. El miedo, eso es lo que para la violencia. Antes era el miedo a alguien más grande y fuerte. Ahora el progreso ha permitido que estos se refinen, que puedan cubrir muchos otros ámbitos.-la ironía y la amargura impregnaban cada sonido, cubriendo la mente del hablador, cegándole. Así, apenas prestó atención al muchacho que tenía delante.- Esto es lo que se conoce por civilización.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre se permitió volver a su habitación, y deseó fervientemente no haberse escabullido jamás, no haberse lanzado a su pasado, aceptando las sombras universales que le acechaban (y que siempre había preferido ignorar). Entonces pudo darse cuenta: no pretendía reprenderle con ese gesto torcido, era una reacción instintiva ante las implicaciones de su afirmación. El joven no se había planteado jamás el acabar con otro, alguien debió de haber soltado algún juramento cuando se encontraba presente, invitándole a preguntar, a indagar. Como hacía siempre que no estaba seguro de algo. Sin embargo, esta vez esperaba más bien una simple aclaración, una confirmación de que asesinar no entraba tan facilmente en la cabeza del hombre y, tal vez después, con un poco de suerte, un pequeño debate sobre los significados metafóricos de las expresiones, y las exageraciones que acompañan inevitablemente todo acto de comunicación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que antes había sido un chico alegre se había convertido en la viva imagen de la desesperación. Horror, ¿en que mundo de monstruos vivía? ¿Y esa humanidad fingida, ese pretexto hacia la perfección, no eran más que bestias entonces? Se encogió sobre si mismo, tratando, en vano, de protegerse de con sus delicados brazos de un enemigo inexistente. El mundo se había convertido de pronto en un jardín salvaje, y en cualquier momento alguno de sus habitantes se lanzaría sobre la presa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Matar… -consiguió articular entre susurros. - No bromeaban, querían hacerlo. Todos quieren, ¿tan mísero es el valor de la vida? Pero –su cerebro apenas podía asimilarlo, ya que el alma, encargada de los sentimientos que ahora mismo le acosaban, no podía existir si aceptaba las recién descubiertas verdades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demasiado tarde, el anciano se dio cuenta de su error. Era un niño, no un hombre. Y, a partir de ese instante, sería un loco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-3531964504953548260?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2008/02/sentimientos-del-animal-racional.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-1766219479929864577</guid><pubDate>Fri, 08 Feb 2008 21:50:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-03-27T14:43:22.460-07:00</atom:updated><title>Desde el altar de marfil</title><description>Un recatado jardín daba cobijo a la insigne figura. Resguardada a la sombra de uno de los múltiples olmos, se inclinaba graciosamente sobre su lectura del día. No demasiado rígida como para parecer vanidosa e incomoda en su presunción, ni tampoco excesivamente encogida, como los pobres analfabetos que se afanan por descubrir los secretos que no pueden comprender. Perfecta, esa era la palabra que definía su postura, modélica, ejemplar.&lt;br /&gt;Pasaba las páginas de Romeo y Julieta, el libro adecuado para las jóvenes de su edad, con una serenidad impropia en una persona. Sus ojos brillaban mientras seguía el ritmo de las palabras, y una ligera sonrisa, ni estúpida ni coqueta, asomaba en sus labios. La tranquilidad, la inteligencia y el entendimiento hacían esto posible&lt;br /&gt;Todo el entorno se concentraba en su estampa, o, más bien, solo existía gracias a la presencia que iba a visitarlo. Era imposible no fijarse en ella, que, sin estar en el centro, ocupaba un lugar privilegiado en la escena. No se movía apenas, pero daba vida al mundo que la rodeaba; sus pensamientos nada tenían que ver con el funcionamiento del sol o el cielo, pero el atardecer cobrizo que tenia lugar era un cántico a su persona.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Belleza, elegancia, armonía, sabiduría, términos que no se entendían sin ella. Oh, ser celestial, ¿cómo podías caminar por tan corruptos caminos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Uno de ellos se adelantó osadamente, como dispuesto a convertir estos, sus pensamientos, en bellos versos con los que agasajarla. Lo primero con lo que se toparon sus pies fue una de esas hojas muertas, caídas durante la estación de otoño. Atraídos por el ruido, los ojos de la muchacha se levantaron con natural armonía, atrapando al chico en sus profundas simas. Nervioso por tan repentina atención, solo puedo volver a refugiarse en el anonimato del grupo que le acompañaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, por otro lado, fue incapaz de volver a su quehacer. Otra vez, una decepción, que en su papel de cortesana no podía demostrar. Él estuvo a punto de decirle algo. “¿Qué sería? ¿Por qué se ha parado tan de repente? ¿Será culpa mía? ¿Tanto asusta mi alma?”&lt;br /&gt;Impotencia, seguramente no era más que un discurso vacío, cubiertos sus agujeros con las florituras de la poesía. Una nunca deja de creer, de esperar, a pesar de lo poco que cambia todo.&lt;br /&gt;Con la seguridad de alguien a quien nunca se le ha negado nada abiertamente, contempló al grupo que se encontraba a pocos metros de ella. Sus ocasionales miradas de reojo demostraban el motivo de su presencia en ese lugar: ella. Se habían congregado para observarla a lo lejos, como espías en una misión, como intrusos en casa ajena.&lt;br /&gt;Sus facciones no dejaron traslucir el enojo que le causaba dicho comportamiento. “No soy un mono de feria, ¿tan difícil es de entender? ¿Por qué no habláis conmigo?... como harías con cualquier otra, como hacéis normalmente”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Quiso acercarse pero se contuvo. Nadie se acercaba a ella; nadie dejaba que se acercara. En cuanto se incorporaba a un grupo, o cuando comenzaba una conversación, todos se escondían tras sus propias mascaras de hipocresía, adulación y corrección. Todos conocían sus gustos, sus preferencias, y las frases que gustaba oír en cada momento. La adoraban, y con su adoración la alejaban de su mundo. Pues, ¿quien tiene la osadía de tratar con los dioses? ¿Quién es digno de mostrarse tal cual es? Se decían, incapaces de soportar la carga de sus defectos, que parecía aumentar en su presencia.&lt;br /&gt;¿Quién puede aceptarse a si mismo cuando su reflejo proviene de un espejo herrumbroso de bronce iluminado por los rayos dorados del sol?&lt;br /&gt;Dos lágrimas peregrinas rodaron por sus mejillas, manifestantes contra la soledad impuesta. Al menos el sol tenía una luna en la que poder contemplarse, a la que poder amar en la lejanía. Su compañera, su sustento, su pequeña alegría. ¿Dónde estaba su Luna? Tal vez oculta tras el disfraz de uno de esos títeres que jugaban a ser reyes en sus tierras. Una sonrisa de auto desprecio enturbio su rostro inmaculado “Desengáñate,” escribía Bécquer “así no te querrán”. Cuanta razón tenía, esos seres eran incapaces de amarse entre ellos, ¿cómo podía pretender entonces que alguno la amase a ella? Una desconocida, un espectáculo, una perfección que hería sus ojos y oscurecía la ya sucia existencia de los que habían vendido sus almas.&lt;br /&gt;Como se equivocaba el poeta también… adoración, adoración… eso no es amor, no calienta, no sustenta el alma. Solo la enfría y entumece, alejándola de todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sus pensamientos volvieron a ser interrumpidos por una presencia ajena a su persona. Era el mismo chico de antes, si no se equivocaba. “El cobarde… sólo se atreve a mirar”&lt;br /&gt;Un reto, eso era lo que lanzaba su mirada. “Ven si te atreves, joven príncipe. ¿Acaso no me adoras? ¿No dices amarme? Ven y defiende tus palabras, recoge el fruto de tu trabajo”&lt;br /&gt;Temeroso, pero con la honra (siempre tan exigente) tirando de él, no tuvo más remedio que aceptar el desafió que se intuía en su repentino interés.&lt;br /&gt;Y, así, pretendiendo hacer leyenda, queriendo mostrar al mundo su valía, se planto delante de la diosa la de plata, la muchacha sin nombre, la dama sin títulos, y cantó para ella. Cantó para la imagen que de ella poseía, proyección de su propio ego alimentado durante generaciones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;“En tanto que de rosa y azucena&lt;br /&gt;se muestra la color en vuestro gesto&lt;br /&gt;y que vuestro mirar, ardiente, honesto&lt;br /&gt;con clara luz la tempestad serena…&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuántas veces se vería obligada a escuchar lo mismo, oculto tras versos distintos, en bocas de dueños diferentes. Cuántas veces la poesía iba a convertirse de nuevo en la jaula de oro que cada vez se elevaba más alto. Era joven, pero ya la habían arrancado las ilusiones, condenada de por vida a ese pedestal al que la habían subido en contra de su voluntad. Y en el que habría de morir, añorando la brisa templada de la tierra cuando las nubes pasasen por debajo de lo que no podía considerarse un hogar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Huyó, huyó todo lo rápido que se puede huir sin perder el decoro. Y una vez en su habitación, sola de nuevo, intento recomponer los trozos de una esperanza que las palabras de un necio habían destrozado&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-1766219479929864577?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2008/02/desde-el-altar-de-marfil.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-5789356712612856873</guid><pubDate>Fri, 08 Feb 2008 21:23:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-08T13:33:10.666-08:00</atom:updated><title>¿Qué hice mal?</title><description>Abrir los ojos, respirar, pensar, reaccionar. Lo mismo de todos los días, pero, esta vez, completamente distinto. Una ligera neblina cubría la habitación en la que había estado durmiendo, débiles restos de la noche que expiraba. Miró el despertador, todavía quedaba casi una hora para levantarse, y aún así, su descanso se había interrumpido. ¿Por qué?&lt;br /&gt;Volvió a tumbarse, pero el sueño se negó a acudir de nuevo en su auxilio. La mirada perdida, contemplando el techo, mientras su cuerpo permanecía inmóvil, buscando pero sin saber el que. Algo no andaba del todo bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Rememoró las últimas horas antes de acostarse en un intento de averiguar el agente provocador de todo aquello. Apenas había nada que destacar. Como todas las noches se encontraba en el comedor, junto al resto de pacientes, esperando la ración correspondiente de nutrientes. Conversaciones y risas, dentro de un perfecto orden, para amenizar la velada. Sin incidencias. La comida tampoco fue algo del otro mundo, un plato para llenar el estomago, sin ser suficientemente pesado como para desvelar a los que sentaban a la mesa.&lt;br /&gt;Otro pequeño interludio, apenas unos minutos de descanso, antes de situarse en la siguiente cola. Las bandejas se sustituían por diminutos vasos, y la atmósfera, hasta entonces placida y agradable, se enturbiaba con la certeza de estar aproximándose con cada paso a un destino inexorable pero no del todo deseado. Ningún cambio en la rutina.&lt;br /&gt;Al igual que cada día, recibió las pastillas que le tocaban junto con una breve explicación sobre el orden y el tiempo entre cada dosis. No dio las gracias al ser humano de ojos apagados que se encargaba de tan penosa tarea. No le habían enseñado a hacerlo y, por consiguiente, carecía de sentido desperdiciar el respeto y la educación.&lt;br /&gt;A continuación, seguir el camino de siempre: atravesar el comedor, continuar por el largo y estrecho pasillo, esquivar al resto de compañeros y llegar finalmente a la habitación. Acostumbrarse a la repentina penumbra del cuerto, el único lugar que no parecía estar inundado por un blanco inmaculado del que no se salvaba en ningún momento la pupila. Y después… claro, ¿quién abrió la puerta en ese momento? Lo había olvidado. Daba igual, acababa de encontrar  lo que buscaba. La fuerza del impacto, cuando la madera golpeó duramente su espalda, desparramó gran parte de su medicación. Aunque en ese momento creyó haber recogido todas las píldoras, de acuerdo con las evidencias, se equivocaba.&lt;br /&gt;Decidió pasar a la acción y, con cierta precipitación, se arrodilló cerca de su mesa.  A primera vista le resulto imposible diferenciar nada en el frío suelo de mármol. No se rindió, y a los pocos minutos obtuvo su fruto, un pequeño objeto, de apenas una pulgadas, que sostenía entre sus dedos. Miró ambos lados, para asegurarse de que seguía solo en el cuarto. Habría oído a cualquier nuevo invitado, sin embargo, no podía correr riesgos. Debía tomarse el minúsculo comprimido antes de que alguien se percatase de su error. Temblaba solo de pensar en el castigo, era más que el simple pavor. Y, aún así, algo detuvo su brazo cuando la píldora casi rozaba su lengua.&lt;br /&gt;¿Qué era eso nuevo que asomaba a su mente? Rebeldía, no estaba seguro, pero no quería tomar el medicamento. Lo observó minuciosamente, suspicaz. ¿Cuál era su composición exacta? ¿Y su cometido? Nunca se lo habían explicado y, por consiguiente, ignoraba la respuesta. Por primera vez, se pregunto cómo había permitido hasta entonces que gente a la que no conocía y, ahora lo sabía, en la que no confiaba jugasen de ese modo con él. Se sorprendía de sus pensamientos, pero todavía se sorprendía más de la falta de ellos hasta ese momento. Control, ¿era eso lo que hacía entonces? No, era algo mucho más sutil, sugestión, convicción. Fuera lo que fuese, no estaba dispuesto a continuar con la función.&lt;br /&gt;Sin mayor ceremonia, abrió la tapa del urinario y arrojó la píldora a su funesto destino. La cadena se encargó de acabar con todas las pruebas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Guiado por la costumbre, esa mañana también se amoldó a su itinerario, el mismo que el de todos los internos. La imagen que, desde hacia tantos años, había contemplado se le antojó extrañamente perturbadora. Una multitud, recién levantada, que con las ropas limpias para empezar el día se arremolinaba en el pasillo para comenzar con sus tareas. Arremolinarse. No, definitivamente esa no era la palabra. Una  insólita pasividad lo llenaba todo, lo dominaba y dotaba a la escena de la quietud  propia de esas fotos que, de un modo artificioso, eran capaces de plasmar sobre el papel una sombra del movimiento. Inquietante y, en cierto modo, aterrador. No era el silencio reparador que, según se decía, reinaba en los monasterios, sino la ignorancia de los corderos.&lt;br /&gt;Sí, sólo en ganado se podía pensar al contemplar la entrada de sus compañeros en la sala asignada. Conversaciones medidas al milímetro, gestos huecos, existencias sin rumbo. Sintió su propio vacío interior, el fruto de los años de fuertes medicamentos. Una vida malgastada, una falta de recuerdos, la desaparición de toda personalidad. O, más aún, no recordar siquiera haberla poseído. ¿Qué contenía su cerebro que mereciera un tratamiento tan extremo? ¿Compartían todos ellos el mismo trastorno? ¿Tanta coincidencia existía?… Algún mal pasado, ¿un castigo?, ¿una sentencia? Entonces que…&lt;br /&gt;Sus pensamientos quedaron a medio formular, interrumpidos por el instructor de ese día. Traía el tratamiento de turno bajo el brazo, el nuevo mecanismo que moldearía sus mentes para convertirlas en cabezas sanas, que bailasen al son de la música correcta. ¿Cómo estaban todos tan dispuestos a borrar su memoria? ¿Cómo podían entregarle así su vida? Lo que habían sido. Lo que podían ser&lt;br /&gt;“Lo que yo soy” Se veía reflejado en cada rostro que miraba. Su sentencia, la misma de todos. Su camino, trazado desde el momento en que deposito su alma y dejó que, con la ayuda de la química, abandonara su cuerpo.&lt;br /&gt;El único que no vestía de blanco se detuvo en su terapia. Lo había detectado, el cambio, la diferencia. Y sabía quien lo encarnaba.&lt;br /&gt;La expresión de su cara lo decía todo: locura. Eso era lo que el hombre veía en su angustiado rostro, en el movimiento frenético, en el respirar agitado. Una recaída.&lt;br /&gt;Intentó no moverse cuando la imponente figura se acercó, paso a paso. Sus ropas, que le separaban de los enfermos, le concedían un aire espeluznante que no conseguía apagar con una gélida sonrisa.&lt;br /&gt;Se controló lo mejor que pudo y, apoyado en todos los años que llevaba haciendo lo mismo bajo la atenta mirada de los que le vigilaban, intentó actuar con normalidad&lt;br /&gt;-Buenos días, profesor,- respeto, educación, eso debía mostrar un estudiante&lt;br /&gt;Sus ojos suplicaban al pedagogo que le creyese, que no dudase de su sinceridad, que le perdonase. Sus ojos le delataban, si su actitud anterior no era ya suficiente prueba.&lt;br /&gt;No le costó nada al tutor dejar unas cuantas actividades para el resto de alumnos y llevárselo fuera del aula. No traslucía nada, haciendo imposible suponer cual iba a ser su siguiente movimiento.&lt;br /&gt;Nada más cerrar la puerta, sus manos se hicieron con un cuaderno. Era bastante corriente, ni grande ni pequeño, pero en nada se parecía a la libreta que utilizaba en sus clases.&lt;br /&gt;-Parece que la cantidad diaria es insuficiente. –Se refería al tratamiento - O tal vez te has saltado una toma.-aunque utilizaba la segunda persona, su discurso se asemejaba más bien a un monólogo interior, mientras escribía imperturbablemente y sin descanso- De todas formas, vamos a aumentarte la dosis, es lo único que puede ayudarte&lt;br /&gt; Del bolsillo de la bata sacó un comprimido y se lo ofreció sin ningún miramiento. No concebía la posibilidad de que lo rechazase, era incapaz de asumir que el chico que tenía delante pudiera pensar algo más que lo que ellos le habían inculcado.&lt;br /&gt;Sin embargo, no reaccionó de ningún modo especial cuando este se negó, formando en sus labios el monosílabo “No”&lt;br /&gt;Detuvo tranquilamente el bolígrafo y se enfrentó al chico que tenía delante.&lt;br /&gt;-No se que danza en esa cabeza tuya, pero esta es la solución. La única opción realmente –quiso interrumpir, pero le fue imposible cortar el torrente de palabras que salían suavemente de su interlocutor – El método funciona, se ha probado en diversas generaciones, produciendo miembros útiles para  el mundo. Las cosas han cambiado mucho en los últimos años, hemos avanzado, mejorado, y la enseñanza más que ningún otro campo. –cambió de táctica, tratando de conseguir con el desconcierto, la aceptación- No hay más que contemplar este centro: antes lo llevaban unas dulces monjitas, que se encargaban de guiar y ayudar a los jóvenes estudiantes que acudían al colegio. Ahora ya no están. ¿Por qué? –“Porque las echasteis, no podíais tener competencia alguna” tampoco consiguió trasmitir sus pensamientos esa vez- No salió bien, los niños, rebeldes por naturaleza, cometían fallos, y se equivocaban. No eran perfectos. La sociedad no necesita que se la eduque, sino  mentes sanas que cumplan con su cometido. Y para eso, debemos crear estas mentes, como quien borra el espacio mal aprovechado para poder llenarlo de lo verdaderamente útil.&lt;br /&gt;            Mientras hablaba, dos figuras más habían a aparecido, y se aproximaban para controlar el incidente.&lt;br /&gt;            ¿Qué podía hacer ante todos ellos? Si no eran suficientes para neutralizarlo otros se sumarían al grupo. La batalla estaba perdida antes incluso de haberse planteado. ¿Qué podía hacer una única persona ante toda una institución que incluso había acabado con un colegio ya asentado?&lt;br /&gt;            Tragó, y el sabor amargo de la pastilla se mezcló con el de su propio corazón derrotado. Después, la inconsciencia, el olvido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-5789356712612856873?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2008/02/qu-hice-mal.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-2336573558916810870</guid><pubDate>Fri, 05 Oct 2007 16:52:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-06-24T12:32:25.019-07:00</atom:updated><title>Senderos de Locura</title><description>&lt;em&gt;La idea es más larga, pero para ir poniendo algo en el bloggercillo&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué no adentrarse en los senderos de Locura? ¿Por qué no abandonar el camino que lo bordea? ¿Por qué seguir siempre al guía? ¿Por qué andar hasta el fin de sus días?&lt;br /&gt;Preguntas que, junto a los palidos rayos del amanecer, asaltaban su mente. Odiaba ser tan escéptica, pero no podía evitarlo: despertarse cada mañana en el mismo sitio a pesar de haber estado caminando todo el día; contemplar siempre el mismo paisaje monótono, sin nubes ni vientos, sin frío ni calor; seguir día tras día la invariable calzada, sin tener nunca la oportunidad de ver su final… debía aceptarlo, simplemente no le veía sentido a todo eso.&lt;br /&gt;Echó una ojeada al resto de sus compañeros. Todos estaban agotados, pero felices. Se acercaban unos a otros, hablando y alguno incluso riendo, mientras deshacían el campamento. Arrastraban la carga de los días con la esperanza de llegar al final de su éxodo. Esperanza, allí residía el problema.&lt;br /&gt;Volvió la vista a su bolsa al mismo tiempo que recogía sus posesiones, deseando, sin darse cuenta, que esa fuera la última vez que lo hacía. Hasta tumbarse en el polvoriento suelo y dejar que la arena fuese cubriéndola lentamente ofrecía una mejor perspectiva que una jornada de arrastrase hasta ningún sitio. Al menos descansaría. Al menos el final llegaría antes.&lt;br /&gt;No se unió a ningún grupo. Tampoco realizó tentativa alguna de comunicación. Sólo empezó a andar con el resto de la gente, desalentada ante el panorama que se alzaba ante ella. El tiempo parecía detenido ante la ausencia de movimiento, la vida había huido tiempo atrás de las rocas que, reflejando la pálida luz del sol, festejaban sin ánimos su ausencia. No había esperanza en la existencia que ahora llevaban, ni en la que habían dejado atrás ni tampoco en la ciudad que nunca alcanzarían.&lt;br /&gt;Y, como remate final, se alzaban los obeliscos, gigantes amorfos a ambos lados del camino: los testigos impasibles de una tragedia que jamás debería haber ocurrido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-2336573558916810870?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/10/senderos-de-locura.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-829854763351858305</guid><pubDate>Mon, 23 Jul 2007 20:53:00 +0000</pubDate><atom:updated>2008-02-12T15:01:31.139-08:00</atom:updated><title>She is a rocker</title><description>&lt;em&gt;Bueno, no es que se adapte mucho al título, pero sale una niña con una guitarra. Y así pongo algo que tenga que ver con el nombre del blog xD&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su caminar era una espera entre el despegar de un paso y el siguiente. Un continuo avance sobre el asfalto y la arena, la hierba o el hielo. Era un ritmo constante, acompasado, único. Así era como avanzaba sin más por la dura superficie que ofrecía el suelo, cada vez más lejos del origen y, sin embargo, nunca más cerca del final. También se detenía y esperaba. Oteaba el horizonte, sin encontrar nada, sin saber de nada que encontrar. Paraba cuando era necesario, cuando su acompañante percibía la fugaz estela de su destino. Y tras el lento escrutinio del entorno, olvidada la pista a causa del desengaño, se ponían de nuevo en marcha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué es lo que estás buscando?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Qué es lo que estamos buscando, querrás decir. Si sólo fuese yo, no necesitaría tu compañía&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sonrió ausente, conforme con sus palabras pero no del todo segura de lo que implicaban. No tenía prisa ni urgencia, por lo que calló durante varios minutos, esperando la respuesta sin el menor deje de impaciencia o contrariedad ante esa elusiva primera contestación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Realmente no es nada en particular, nada que se pueda definir… -encaró una ceja, escéptica, volviendo el rostro hacia la voz que hablaba. No iba a dejar pasar la oportunidad de saber- Es simplemente algo distinto, raro… que no encaje –observó una enorme roca que se deslizaba pocos metros por encima- No, no es tan sencillo. Esa roca podría estar ahí o no. Lo que buscamos es algo que no puede estar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Algo como tú, más o menos- no se refería a la guitarra de su espalda, con la que conversaba sin mayor problema, sino a lo que contenía en su interior.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, algo que no sea de este universo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vislumbró una ciudad, un lugar formado a su vez por distintas urbes y pueblos, por castillos y monumentos de toda clase. Con un pequeño salto dejó atrás el mar seudo fluido por el que avanzaba para adentrarse en el laberíntico sendero que conformaban las calles de la población.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Interrupción, como mínimo- oyó murmurar a las cuerdas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No era la única que transitaba esa calle. A su alrededor la gente se desplazaba en uno y otro sentido, echando de vez en cuando una mirada a la niña y su guitarra que, andando con pasos erráticos, no se sentía segura ante la dirección que debía tomar. A su alrededor se abrían distintas calles conforme recorría la vía y, sin un lugar al que ir, cada camino era tan malo como el otro. Su acompañante había enmudecido y no se ofreció a ayudarla en su indecisión. Inconscientemente se dejó llevar por el flujo de personas, moviéndose con la mayoría. Esta le llevó hasta una enorme plaza, abarrotada no sólo de personas sino también de animales, que luchaban constantemente por mantenerse en su sitio. ¿Un mercado? Al menos era la palabra que más se aproximaba.&lt;br /&gt;Le costaba creer que lo que volaba de un lado a otro fuese dinero, encajes, comida, pollos, sedas… Aunque está forma de intercambio, bien mirada, resultaba más sencilla que abrirse paso entre la muchedumbre y realizar la transacción de mano a mano.&lt;br /&gt;Empujada por la marea se vio arrastrada de un lado a otro, incapaz de hacer nada en contra, o de puesto en puesto para evitar ser aplastada. De entre la cantidad de impresiones que el sitio le causaba se elevó un sentimiento, una necesidad que no se había presentado hasta ese momento: tenía hambre y sed. Lo que debería haber sido una realidad desde bastante tiempo atrás se materializo en su interior ante el olor que desprendía un tenderete de carne a la parrilla. La boca se le hacía agua y las tripas le crujían mientras se sorprendía ante ese repentino ataque. Se había creído fuera de tales necesidades aunque estas sólo habían esperado el momento oportuno para ser saciadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Perdone, ¿Cuánto cuesta un trozo?- sabía, sin comprobarlo siquiera, que sus bolsillos estaban vacíos, pero aún así se quedó con el precio, en la esperanza de conseguir el dinero correspondiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasó a su segunda prioridad y, al cobijo de una fuente, expulsó la sed que se había adueñado de su garganta. Su tripa también esperaba ser liberada y gruñía en un intento por conseguir un trato equitativo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tienes una guitarra, puedes sacar dinero gracias a ella, ¿o es qué ya has olvidado a los músicos ambulantes? –como respuesta a sus pensamientos, el instrumento puso palabras a una idea cuyo resultado no estaba demasiado claro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se descolgó el artefacto y, sentada en una repisa de la fuente, afinó el instrumento con manos expertas. De momento no estaba saliendo mal y al oír los primeros acordes arrancar de las cuerdas empezó a perder un justificado miedo escénico y a embriagarse con la confianza que acompañaba a la música.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bueno, sabes como va, así que te lo dejo todo a ti, para no poner trabas al ingenio&lt;br /&gt;Sonrió con sinceridad, aunque hubiera deseado que la guitarra, a parte de saber hablar, también funcionara sola. La perspectiva de enfrentarse a la panda de curiosos que se iba formando a su alrededor no parecía tan terrorífica mientras las notas cobraban sentido. Era la única solución que se le ocurría, por lo que no tenía más remedio que intentarlo y esperar que no aconteciese una catástrofe. Utilizando los pies se quito una de las zapatillas y la colocó delante de ella, para dejar bien claras sus intenciones a los presentes. From lost to the river… ya no se podía retrasar más, tendría que darle vida… aunque, ¿sin amplificador? ¿Acaso se oiría algo entre tanto jaleo? Que rápido terminó el experimento… Incluso se sintió decepcionada al perder la oportunidad de tocar “Me habré golpeado la cabeza, seguro”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Venga, no intentes escaquearte, yo haré que suene tal y como quieras, siempre dentro de unos límites, sólo puedo manipular un poco el sonido… volumen, algún efecto, poco más –se alegró como nunca de que la guitarra fuera capaz de sacar información directamente de sus pensamientos, simplificaba bastante las cosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lanzando un primer –y último- vistazo al grupo que se agolpaba ante ella (unas pocas personas contentas de tener algo distinto que hacer) empezó la sinfonía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Comenzó, bastante insegura, con una serie de acompañamientos y punteos que conocía al dedillo, pero, ya calentados los dedos, dejó que estos se movieran solos a lo largo del mástil. Una vez se hubo sumergido en el vendaval la realidad perdió su significado y se halló sola, con la guitarra en sus manos y el sonido en sus oídos. No le hacía falta nada más, sólo el sentimiento de estar creando. Creando un ser bello, sin cuerpo pero con la forma que le daba la melodía; sin vida, pero moviéndose al son del ritmo. Era la felicidad absoluta que busca el alma, la dicha, el gozo, el deleite. Todo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tan rápido como había entrado en ese estado salió de él. Seguía tocando, pero su corazón ya no estaba en la canción. Se preguntó el porqué del cambio y, sin embargo, se arrepintió tan pronto como lo descubrió. Entre las personas que se agolpaban a su alrededor había una que resaltaba sobre las demás. No era hermoso –uno no era capaza de recordar sus facciones una vez retiraba la vista- ni alto, ni grande. No armaba jaleo, ni hacía movimientos bruscos. Era por todo lo contrario por lo que destacaba: quieto como sólo lo están las estatuas, el hombre vestía las vestiduras negras de la noche, alimentadas al mismo tiempo por la oscuridad que el mismo albergaba. Lo había visto con anterioridad (entrando en su habitación, persiguiéndola a lo largo del colegio o esperándola al cruzar una calle entre otros sitios), y eso empeoraba aún más las cosas. Siempre se olvidaba de él hasta que volvía a encontrarlo, pues su recuerdo buscaba los pliegues de su memoria para abalanzarse en el momento preciso sobre ella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vaya... Esto viene de antiguo, no hay nada que hacer. Venga, muchacha, ¡corre!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enfundándose la guitarra echó a correr. No atravesó una multitud que gritaba ante unos codazos y empujones repartidos indiscriminadamente mientras luchaba por abrirse camino. Se encontró corriendo hacia arriba, subiendo unas vulgares escaleras de granito. En su precipitación había perdido la otra zapatilla y su mente sólo podía pensar en el dolor que le causaba el suelo irregular cada vez que sus pies lo golpeaban con fuerza, intentando ganar velocidad para poder huir. La angustia lo cubrió todo con un fino velo que daba a la escena una sensación de lóbrega irrealidad que cambió, en pocos segundos, la ya de por si decaída situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Es demasiado… Duele…Duele… Aggghr” Se sumergía en el sufrimiento. Lo que comenzó como una molestia más se convirtió en un verdadero calvario acentuado por el cansancio y la ansiedad. El dolor creciente de sus pies, el dolor de sus piernas faltas de energía para seguir moviéndose, el dolor de su brazo al rasparse y, por encima de todo, el inexorable dolor que sería caer en las manos del enlutado hombre. Una pesadilla. Todo empezó a nublarse a su alrededor y sus ojos fueron incapaces de seguir llevando la información del entorno al cerebro. Ella siguió ascendiendo, apenas consciente en su agotamiento, cada vez más alto, más cerca de su perdición al mismo tiempo. Era un ratón que corría en busca de una salida inexistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y, finalmente, alcanzó el último tramo las escaleras. Y lo sobrepasó. Y luego, nada. Caía, caía libremente lo que tanto esfuerzo le había costado subir. Hasta que algo detuvo su rumbo, una alas que surgían de alguna parte de su espalda. “La guitarra… pero ¿cómo? Era imposible… por mucho que lo deseara…” La razón estaba recobrando la parte que le correspondía, llenando con su entendimiento los interrogantes que se habían formado durante el viaje. En ese momento la correa se rompió, y ella volvió a caer, contemplando en su descenso el vuelo de su acompañante, una guitarra con alas, una guitarra que hablaba, una guitarra que no era una guitarra. El hechizo se había roto y ahora nada mantenía el escenario que la rodeaba. Las brumas se disiparon en cuestión de segundos y todo desapareció tras ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Todo vuelve a estar como antes… que aburrido&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, bueno –contestó la misma voz- todo se perdió cuando entró en juego ese curioso hombre… tenía demasiada fuerza como para poder cambiar algo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya, pero el desenlace podría haber sido distinto esta vez, estaba yo con ella –replicó una voz igual a la anterior- Quien sabe, podría haberse enfrentado a ese hombre, las condiciones eran muy distintas. Además también había gente alrededor y tal, eso ayuda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Jajaja –rió sin gracia- como si fuese tan fácil librarse de las antiguas pesadillas. Esa niña llevaba soñando con eso desde mucho tiempo atrás, era como su muñeco diabólico particular. Mira lo que pasó nada más entrar en escena, todo cambió para encontrar el entorno ideal que alimentara su miedo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que más me molesta –esta vez la voz sonó dulce, compasiva- es que sólo recuerde esa última parte cuando despierte… Con todo lo que soñó debería haberse quedado con cualquier otra cosa&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, merecía más. Me ha gustado esa muchacha, sobretodo por la apariencia que me dio… Nunca había sido una… ¿cómo lo llamaba?... ¡guitarra! Tenía tantas posibilidades. Era tan, no se, voy a echarlo de menos. Ojalá fuera siempre una guitarra. ¡Una guitarra con amplificador! No estoy del todo convencido que esa caja en la que pensaba pueda arrancar todo eso del instrumento…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Y cuando se puso a tocar! –excitación, un cambio bien recibido en la inmensidad del vacío- La de cosas que salían, las vibraciones de las cuerdas, el pulsar de los dedos, era como sentir algo corriendo en mi interior. La música… nunca había experimentado nada similar… -la tristeza se adueño de pronto del ser. El recuerdo del sueño pasado se desvanecía y con ello toda la felicidad que conllevaba- realmente le debo mucho a esa chica… y aún así es tan efímero. No encontramos nada. No conseguimos nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Quizás porque no había nada para encontrar. Nunca te has parado a pensar que ocurrirá cuando encuentres que no hay nadie.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Eso es imposible… No hay nada único, del mismo modo que yo existo en este limbo debe haber al menos otro igual…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No es cierto. Es perfectamente posible. Puede que seas el único que existe en los sueños de otros…hasta ahora no has encontrado pruebas de lo contrario por mucho que te has afanado en investigar. Acéptalo, estas solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Solo. La palabra retumbó en el interior de su esencia, acallado finalmente por el propio vacío de su interior. Permaneció en silencio durante la eternidad del sin tiempo, pensando, abatido, solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero, no puedo creer eso… sino hay nadie más, entonces ¿qué me queda?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En está ocasión no volvió a contestarse a sí mismo.&lt;br /&gt;“¿Qué me queda? Si ni siquiera yo soy algo por mi mismo ¿Qué tengo salvo vacío y nada?”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-829854763351858305?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/07/she-is-rocker.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-4984697826250087147</guid><pubDate>Sat, 23 Jun 2007 20:54:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-06-23T13:56:49.748-07:00</atom:updated><title>¿Quién soy?</title><description>Abrió sus ojos a la oscuridad de la noche. No reconoció el lugar en el que estaba tumbada, pero no se sorprendió. No reconocía tampoco la hierba a su alrededor o las ropas que vestía. Ni siquiera se reconocía a si misma. Sólo el cielo, el estrellado espacio que la cubría, le hacía experimentar una sensación familiar de bien estar. Y allí se quedó, admirando la inmensidad de la bóveda celeste, incapaz de expresar la cantidad de cosas que pasaban por su mente, incapaz de acercarse hacia lo desconocido. Pero su cuerpo ansiaba conocer, quería recordar, recuperar su antigua conciencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;           Así se encontró vagando entre las calles de asfalto, sin ningún rumbo, pero con un claro objetivo. Las palabras reaparecieron en su interior, saliendo del escondite en el que habían permanecido presas, dando nombre de nuevo a todo lo que se encontraba a su alrededor: banco, coche, acera, personas… personas con las que se cruzaba, pero que no podían hacer nada por ella. No podía preguntarles, formar la frase que pugnaba por escapar de su garganta, pero que no encontraba el camino para hacerse real.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            No se desesperó, ya llegaría el momento de saber. Continuó caminando, siempre hacia delante, mirando hacia atrás, hacia las brumas de un pasado que tenía su hogar entre las sombras de la conciencia dormida. No había tiempo que la apremiase, ni muro que la detuviese. Descubría a cada paso lo que ya sabía, encontraba lo que nunca había perdido mientras que la realidad volvía a adoptar formas conocidas. Y al final las frases se reorganizaron. Como una estrella que acaba de formarse, la pregunta estalló y sus labios susurraron lo que su alma deseaba saber con mayor urgencia: ¿Quién soy? Sólo el silencio la respondía.&lt;br /&gt;           &lt;br /&gt;            Junto con el lenguaje, la mente también fue recuperando la historia de su vida. De vez en cuando imágenes y escenas sobresalían de la corriente general que era su cabeza. Generalmente eran personas cercanas a ella, a las que había conocido y amado, las que le hablaban de algo, sin que ello le aportara algo de luz a su entendimiento. A pesar de haberlo vivido le costó descifrar la escena que más se repetía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Un hombre y una mujer- “mis padres” pensó ella al instante- se dirigían a ella con cariño y afecto: ‘Serena –“debe de ser mi nombre” se dijo- estamos encantados con tu trabajo como neurocirujano pero, ¿no podrías esperar a que te ofrecieran un trabajo aquí, en España?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            No tenía del todo claro la importancia de esta visión pero, como había hecho desde su despertar, esperó a que saltara la chispa necesaria y se centró en lo que aportaba al conocimiento de si misma.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Siguiendo el mimo procedimiento de analizar los episodios que se le mostraban llegó a establecer un orden más o menos coherente de su vida. Pero, aún así, era incapaz de comprender el porqué de su situación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Se movió entre la gente que llenaba las calles de la ciudad en hora punta. A pesar de que todo el mundo se dirigía comer a algún restaurante cercano en el descanso del trabajo ella no sintió la necesidad de alimentarse, simplemente avanzaba a lo largo de la calle. En el cruce de una angosta calle revivió el que era su último recuerdo: unas luces, un coche y el pensamiento de no poder cumplir una promesa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Se dirigió al puestecillo más cercano, donde compro todo lo que le hacia falta. A continuación se fue al cementerio de la ciudad y se sentó junto a una tumba como tantas otras. Jamás la había visto ni visitado, pero significaba mucho para ella estar ahí. Mientras colocaba las rosas alrededor de la lápida pensó en todo lo que aquel hombre le había dado. Sólo una frase sirvió de saludo y despedida, de disculpa y de agradecimiento: “Aquí tienes las flores que te prometí”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Terminada por fin su misión echó un último y largo vistazo a lo que la circundaba y se tumbó tal y como había despertado: boca arriba, mirando el caminar de las nubes a través del atardecer, con la cabeza a pocos centímetros de su propia inscripción. Poco a poco, se fue sumiendo en un profundo y pesado sueño, abandonado la tierra sobre la que se apoyaba. Cuando ya nada la ataba y su conciencia casi se había ido, el miedo inundo lo que quedaba de ella y no pudo evitar, antes de que se separasen las partículas de su ser, preguntarse: “¿Quién soy ahora?”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-4984697826250087147?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/06/quin-soy.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-4116547659251037654</guid><pubDate>Sat, 23 Jun 2007 20:04:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-06-23T13:25:49.966-07:00</atom:updated><title>Sin solución</title><description>&lt;span &gt;&lt;em&gt;(Esto surgió en Toledo, que es como una cárcel bonita pero soportando a la familia)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:Courier New;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;…Todo se paga. Los errores inevitables, los crímenes cometidos, los pequeños desvíos del camino trazado, las ideas contrarias a la regla… Todo se paga, tarde o temprano, porque ellos siempre saben los que haces y lo que no.; siempre vigilan, observan, analizan y actúan en respuesta, maquinando el mejor modo de atarte en su red. Si la falta no es muy grave (asesinato, evasión de impuestos, abusos…), las represalias son menores, pero no pienses  en ningún momento que tus “pecados” han sido perdonados o han pasado inadvertidos. Un puesto de trabajo que no consigues, un robo inesperado, la cancelación de tu hipoteca, multas, chantaje, suelen ser las mejores penitencias para los pequeños contratiempos. Para los casos perdidos, los que jamás llegarán a alcanzar el ideal de ciudadano, los que tienen la cabeza llena de esas… ¿como decían?… “egoístas creencias sobre el individualismo que causan conmoción en los más débiles y cuyo único desenlace es el fin de la civilización y, por tanto, el caos absoluto”, es decir, los que difieren con el orden que tanto les beneficia son eliminados de esta civilización.&lt;br /&gt;Lo increíble es que no importa. Los engaños y las desapariciones para perpetuar ese control opresivo, propio de un maniaco, sólo arrancan un encogimiento de hombros en la gran mayoría. Claro, quien  va a decir nada con todo lo que se posee actualmente: Uno es libre para obedecer, para contribuir con la sociedad, para acusar a otros, para promocionar el sistema, para producir y gastar, para callar y sonreír, para cerrar los ojos, para entregarlo todo, para perder la identidad. Cualquier otra cosa, es poco recomendable. La propia iniciativa, las aspiraciones, las quejas o simplemente la curiosidad conducen a la autodestrucción, al castigo; y aún así todavía hay soñadores que buscan un error en el sistema, una grieta por la que escapar. Gente que, como yo, aprendió demasiado tarde esta valiosa lección…&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jayia cerró el cuaderno con un fuerte golpe. Dirigió una desagradable sonrisa, entre desafiante y asqueada, a la cámara que había grabado todo lo que iba escribiendo y se marchó por la puerta. No se encontró con nadie de camino al alimentadero. Sólo el zumbido de la maquinaria interrumpía la quietud del edificio mientras la chica pasaba la tarjeta de identificación por el lector y recibía su correspondiente ración de comida diaria. No volvió a su habitación, si no que se sentó en una solitaria mesa cercana, blanca como la silla, como las paredes y el techo, como su ropa, como todo lo que había en esa prisión.&lt;br /&gt;Alguien entró en la sala, pero ella ni levantó la mirada para ver quien era. Ese alguien se acercó al mismo sitió donde Jayia había conseguido segundos antes sus alimentos. Realizó el mismo ritual con la tarjeta y el identificador y después de conseguir lo que había ido a buscar se sentó sorprendentemente en la misma mesa que ella. Tampoco eso hizo que la joven dejara de prestar atención a su alimentación para notificar la llegada del individuo.&lt;br /&gt;- Darren –ignorando las barreras del silencio plantó una mano delante de su cara  y se presentó. Perezosamente Jayia miró al dueño de la mano que no la dejaba comer. Un chico de unos veinte años de cabello oscuro y revuelto y unos espectaculares ojos azules escrutaba su reacción desde la silla de enfrente. Se sorprendió a si misma examinándolo ella también , preguntándose si él conseguiría evitar el abotargamiento que se había apoderado del resto de los habitantes “Es nuevo, tiene demasiado  reciente su vida anterior como para quererla olvidar voluntariamente junto con las causas de su encarcelamiento, sean las que sean. Espero que siga igual el mes que viene” Hacia tiempo que se había desentendido de los demás residentes, pero este tenía algo diferente, especial, que seguramente se borraría en esa ratonera.&lt;br /&gt;Apartó la mirada con la misma indiferencia con la que la había levantado y continuó con su plato. Terminó de comer y volvió a su habitación sin dirigir ni una palabra al desconocido, sabiendo que otra cosa sería perder el tiempo. Lo más probable era que en unas pocas semanas Darren cambiara radicalmente y dejara de poder considerársele una persona para convertirse en un autómata, con el único deseo de agradar a sus carceleros y conseguir así un pequeño privilegio sobre los demás.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-4116547659251037654?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/06/sin-solucin.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-5306755110918257807</guid><pubDate>Thu, 17 May 2007 20:20:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-05-17T13:25:57.514-07:00</atom:updated><title>Otra más del baúl de los recuerdos....</title><description>Los Seguidores del Tiempo&lt;br /&gt;“Saturno devorando a sus hijos” (Goya)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mira la ciudad, Sollán,- dijo el Custodio con voz tranquila –puede que sea la última vez que la veas tal y como está.&lt;br /&gt;El muchacho así lo hizo. Pasó la mirada sobre las cúpulas y las torres, dejando que su mente se deslizara entre las brumas de la hermosa Asua, la Ciudad de la Nubes. ¡Cuántas otras veces había imaginado que los edificios volaban por los cielos en vez de estar atados a la dura piedra de un profundo valle! Pero la época de los sueños había acabado, como indicaban las columnas de humo que se extendían por el horizonte. La nueva realidad, forjada a base de sangre y sufrimiento, no dejaba sitio nada más que para la locura, el dolor y la añoranza. Sollán se apartó violentamente de la ventana, sintiendo la ira ciega que bullía en su interior.&lt;br /&gt;No pudo contener la lengua cuando las palabras acudieron a su boca.&lt;br /&gt;-¡Malditos cerdos pirómanos!, ojalá se cansen de quemar madera y empiecen a utilizarse a sí mismos como combustible.- soltó sin poder evitarlo, la imagen de su tierra arrasada resultaba más nítida que la estancia en la que estaba, que la persona sentada a su lado. - ¡Qué mueran todos! ¡Qué sufran, qué paguen! Tarde o temprano habrá que pasar cuenta y entonces no podrán escapar, sólo espero estar presente cuando ocurra- descargó parte del peso que la frustración había dejado en su alma, aunque seguía impotente, sin poder hacer nada, encerrado en la capital, esperando. Segundos más tarde palidecía sin remedio y se maldecía en silencio. ¿Cómo se había permitido decir tales cosas delante del Custodio de las Ocho Celdas? Ese hombre, aunque no ejercía ningún cargo en el gobierno, era uno de los Seguidores del Tiempo más poderosos y, por tanto, una de las personas más temidas y respetadas de todo el mundo.&lt;br /&gt;- Quiero decir que ojalá vuelvan en sus cabales y todo sea otra vez como antes, maestro- intentó rectificar el joven en un vano intento por salvar la vida.&lt;br /&gt;-No tienes que disimular conmigo.- le tranquilizó el anciano – Que mi hijo sea el cabecilla de esos renegados no quita que todo sea mejor cuando sus cuerpos descansen bajo varias capas de tierra. Y pensar que de entre todas las órdenes menores el Fuego era la que mejor servía al Tiempo, manteniendo el orden en todas las provincias… - aunque no había perdido su habitual serenidad, su voz tenía un deje de amargura -Nunca debí dejar que esa alma descarriada entrara a formar parte de la orden del Fuego, -recordaba los primeros pasos de su hijo, llenos de energía, vitalidad y una peligrosa habilidad para manipular la voluntad de los otros. No había adivinado el peligro que esto entrañaba, sólo podía ver una actitud infantil cuando, siendo un iniciado, quemaba, junto a sus “afiliados”, las pertenencias de sus maestros más estrictos que no admitían su falta de respeto y consideración hacia sus compañeros más débiles. Esto fue degenerando poco a poco en una pequeña sociedad de estudiantes con ganas de dañar a sus semejantes, reunidos en torno a ese desnaturalizado, todos ellos con inmunidad ante sus educadores, los cuales temían la fuerza que estaban amasando estos jóvenes- contagiando a sus compañeros con sus estúpidos ideales de fama y poder. Hubiese sido mejor quedarme sin descendencia, incluso si lo hubiese devorado me sentiría menos culpable…&lt;br /&gt;Sus últimas palabras quedaron ahogadas por el sonido de las campanas, un sonido que ningún habitante de Asua había oído antes. Un escalofrío recorrió la espalda de Sollán cuando pensó en lo que ello significaba: el enemigo, tras años de saqueos y guerrillas, había llegado a la capital mucho más fuerte de lo que nadie había imaginado jamás. El antiguo imperio iba a dejar paso a un régimen duro y cruel, donde, y eso era lo que más temía, cualquiera podría quedar reducido a cenizas para deleite del Señor de la Llama.&lt;br /&gt;-¡Venga muchacho!,- dijo el sabio Custodio adivinando los oscuros pensamientos que albergaba el interior de Sollán –no todo está perdido aún. Recuerda que hace siglos que gobernamos los Eternos, los Seguidores del Tiempo. No creas que estamos tan indefensos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Sala de las Eras que Fueron y Serán estaba abarrotada de gente. Los Eternos se habían reunido para decidir cual sería la mejor forma de enfrentarse al ejército que amenazaba con destruirlo todo. A este consejo de guerra también acudieron los representantes de las demás órdenes menores (salvo la del Fuego, cuyos miembros estarían discutiendo por las mejores partes del botín), unos cuantos sabios no adiestrados en ningún arte y por último los aprendices más aventajados, entre los cuales se encontraba Sollán.&lt;br /&gt; La reunión fue larga y poco provechosa. Cuando todos los esfuerzos resultaron ser meros intentos de alejar la muerte y toda esperanza de victoria se desvaneció, en definitiva, cuando todos se dieron cuenta de que el fin llegaba rápida, pero no inesperadamente, habló Saturno, Custodio de las Ocho Celdas.&lt;br /&gt;-Tenemos que dejar que el Tiempo actúe- su propuesta fue recibida con alguna exclamación de sorpresa – Sabéis que es la única forma de evitar que todo sea consumido por los fuegos que arrastra mi hijo Júpiter.&lt;br /&gt;Tras unos segundos de absoluto silencio, los Eternos comenzaron a situarse en un lugar tiempo atrás decidido. Sus rostros, llenos de la más fiera determinación, rivalizaban con el desconcierto de los otros asistentes.&lt;br /&gt;Sollán temblaba de miedo. A diferencia de los que no servían al Tiempo, él sabía perfectamente lo que iba a ocurrir, y no le gustaba nada. Dentro de unos minutos, terminado el canto, todo cambiaría, como si hubiesen pasado milenios: las ciudades desaparecerían, las personas se convertirían en polvo, nuevas montañas surgirían, mientras que las más viejas sufrirían el desgaste de los años... Él no quería acabar así, pero no había nada que pudiera hacer, era demasiado joven y, además no tenía nada útil, salvo… Empezó a ver con otros ojos el báculo de su maestro, que de algún modo había acabado en sus manos durante el concilio.&lt;br /&gt;Hasta entonces no había significado para él nada más que una pesada carga que debía llevar a donde el hechicero le ordenara. Pero ahora representaba su única oportunidad, aunque bastante pobre, de salvación. Pocos eran, si es que existían, los que habían logrado llevar a cabo lo que él se proponía, y tenían mucha más experiencia en el Arte de la que podía tener un aprendiz. De todas formas, no tenía elección.&lt;br /&gt;Aferró con fuerza el bastón mientras modelaba las corrientes de la magia, de un modo simple y tosco, pero correcto. Fue la desesperación la que hablaba por su boca, la que guiaba sus movimientos, la que decidió su destino, con una familiar voz de mujer, fue ella la que consiguió que un inexperto muchacho superara la barrera que los mayores archimalos consideraban infranqueable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Abrir los ojos fue un milagro para Sollán, que se creía muerto. Cuando terminó de felicitarse por su buena suerte, se fijó en la habitación donde se encontraba. Era poco más que cuatro paredes de barro y un techo de paja. El muchacho se dio cuenta de que, aparte de la cama en la que se encontraba, solo había un mueble en la estancia: un viejo arcón de madera. Por último centro su atención en el hombre que lo observaba con un mal disimulado interés. Su sucio aspecto y su mirada ansiosa habrían bastado para que Sollán se alejara de ahí, pero no le quedaban fuerzas. Se quedó tendido en la cama esperando a que su salvador, no había duda de que le había estado cuidando mientras permaneció sin sentido, hablara mientras recuperaba el aliento.&lt;br /&gt;-¿Quién eres? ¿De dónde vienes, extranjero?- todo esto fue pronunciado en un idioma que Sollán jamás había oído antes, pero que, gracias a las Enseñanzas, pudo entender sin problemas&lt;br /&gt;-Soy Sollán, de la Ciudad de las Nubes- respondió en la misma lengua. Todavía le costaba un poco mantenerse consciente, con el único objetivo de averiguar una cosa-¿Sabes qué ocurrió con los Eternos?&lt;br /&gt;            -¿Los Eternos?, jamás los oí nombrar- contestó extrañado.&lt;br /&gt;            -Entonces Júpiter acabó imponiéndose…-dijo para sí mismo Seomán. Pero reconoció enseguida lo erróneo de sus pensamiento. La última escena en la Sala de las Eras que Fueron y Serán danzaba ante sus ojos, revelándole lo que había pasado: los Seguidores del Tiempo habían logrado evitar la victoria del Fuego, pero a la vez habían destruido todo.&lt;br /&gt;De alguna forma el viaje temporal de Sollán se había alargado unos cuantos miles de años más hacia el futuro de lo que él había creído posible. Esta certeza acabó con el entumecimiento, el cansancio y el abotargamiento. Se movió para comprobar el estado de todo su cuerpo, cerciorándose de que no había nada roto. Su mente también se movía, rememorando sus últimas horas en Asua, a la que jamás podría volver.&lt;br /&gt;– Saturno, viejo zorro, nadie conoce el Tiempo como tú -comentó para si mismo en voz alta– Sin embargo, debiste comerte a tu hijo en vez de dejarle que destruyese todo por lo que luchabas- tras estas palabras Sollán se permitió que una espeluznante risa brotara de sus labios. Se sentía tan feliz y a la vez tan triste. ¡Había sobrevivido contra todo pronóstico!, pero todo lo que conocía había muerto y desaparecido para siempre. Estaba en una época completamente distinta, y había tanto por descubrir que no podía dejar de pensar en ello, del mismo modo que tampoco podía dejar de pensar en todo lo que había aprendido en un lugar y un tiempo que ya no tenían cabida. Familia, amigos, maestros… ¿algún día podría volver a pronunciar estas palabras? Respiró hondo y encerró todos sus recuerdos en la parte más alejada de su mente, el pinchazo que estos le producían amenazaba con conducirlo a la locura. Lo mejor era aferrarse a la existencia, a ese instinto de conservación que le instaba recuperarse, a comenzar otra vez de cero, a no rendirse.&lt;br /&gt;            -¿Dónde se encuentra la ciudad más cercana?- preguntó en lo que pretendía ser un tono entusiasmado, como hubiera hecho en otras circunstancias. El torbellino de su interior le impedía ver lo que ocurría a su alrededor. La confusión, el espanto y la repugnancia que sus frases habían causado en su compañero pasaron inadvertidas. Poco le importaban ese hombre y el pueblucho en el que vivía, allí no encontraría nada interesante con lo que alejar su realidad, no hallaría las respuestas. Necesitaba algún centro importante, como una ciudad, donde podría encontrar una biblioteca, un ayuntamiento, un auditorio o lo que quiera que tuviesen como posible fuente de información y conocimientos.&lt;br /&gt;Aunque todo había terminado el debía continuar, intentar olvidar y rehacer su vida. Sólo por la noche, en los instantes previos al sueño, cuando todo está silencioso y las sombras dominan la tierra lloraría de pesar, de rabia, de ira, de soledad, acosado por el remordimiento, el odio y la pena. Cuando las barreras del ahora se desvaneciesen volverían a su cabeza las imágenes de un glorioso y maravilloso pasado, su pasado, y con ellas el dolor que durante el día el sol le prohibía dejar salir.&lt;br /&gt;            - A tres días de camino hacia el este se encuentra Roma – balbuceó el hombre de un modo casi automático. Sollán asintió después de oír la respuesta y se incorporó con gran esfuerzo. Agarrando su única pertenencia, el báculo, y se encaminó fuera de la casa con sus escasa energías renovadas, sin despedirse, sin dar las gracias, dejando simplemente que sus enigmáticas palabras revolotearan en la cabeza del hombre, obligándolo a meditar sobre su significado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;            Ese mensajero de los dioses, pues quién sino los dioses vivían eternamente en ciudades construidas en las nubes, le había desvelado cosas con las que otros no podían ni imaginar. Pensó en ese gran ser, Saturno, que controlaba el tiempo y devoraba a sus hijos, y se alegró de que Júpiter lo hubiese destronado. Durante unos segundos se lo imaginó mientras se comía a uno de sus hijos: esa boca desmesuradamente grande, en torno al cuerpo casi mutilado de un crío; la silueta, vieja y decrépita, encogida en una posición posesiva alrededor de su alimento; los ojos, desenfocado e hinchados como los de un loco, girando en todas direcciones, buscando sin éxito algo que saciara un hambre, mucho más profunda que la de los simples mortales, insaciable, inmensurable. Durante un momento noto esa mirada sobre su persona y deseo con todas sus fuerzas que ese titán no saliera jamás de las mazmorras en las que, debido a sus atroces crímenes, debía estar encerrado hasta el final de los días.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-5306755110918257807?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/05/otra-ms-del-bal-de-los-recuerdos.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-3449272681395486877</guid><pubDate>Tue, 15 May 2007 21:14:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-05-16T13:39:57.779-07:00</atom:updated><title>Is it ok to be myself?</title><description>&lt;strong&gt;Body crumbles -Dry Cell&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Un paso tras otro cruzando la corriente, atravesando la calle. Hacia cualquier otro sitio, sabiendo que no puedo llegar... Desvaríos, simplemente me dirijo a mi casa. Como cada día. Como siempre. Las mismas caras sin rostro. Los mismos ruidos anónimos. Mi caminar pesado y mi vista vacía, resultados de una conciencia que ha huido de su origen. Ausencia es lo que mejor lo define: perder la noción de lugar , abandonar el cuerpo a su cuidado y perderse en la nada, en los vacíos del tiempo. Dejar de ser para esconderse en el todo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Guess it's been too long since the last time that I tried to fly&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;¿Volar? Es imposible para un cuerpo con huesos macizos. Es pura física: todo lo que sube tiene que caer, y si no hay nada que frene el descenso el golpe es curioso. ¿Qué necesidad hay de intentarlo de nuevo? No se gana nada. Ya no queda tiempo para perderlo en distracciones sin objetivo. ¡He de forjar mi futuro ahora! O al menos eso dicen, pero es que es tan pesado... ¿Tendrá verdaderamente compensación?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Know if I don't question and I never doubt, everything is gonna be okay&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;Todo recto, sin vovlverse... eso es lo que hay que hacer para estar bien. ¿Quién quiere estar bien entonces? No, nada de dudas, fuera las preguntas ¿Pero... ¿Y si... ¿Por qué...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Demasiado tarde. La llave no parece coincidir con la cerradura. Es hora de seguir. Ahora sólo falta subir unas escaleras para llegar. Para comer. Para estudiar. Para dormir.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Inside my body crumbles &lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;em&gt;(&lt;/em&gt;Esto es lo que pasa cuando la minitelevisiones del metro no funcionan, que es siempre. Si es que la linea diez puede hacerse muy larga xD)&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;embed src="http://www.youtube.com/v/E8mcKaAX-F0" width="425" height="350" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent"&gt;&lt;/embed&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-3449272681395486877?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/05/is-it-ok-to-be-myself.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></item><item><guid isPermaLink='false'>tag:blogger.com,1999:blog-2394201837984464926.post-1610969696033190161</guid><pubDate>Tue, 15 May 2007 19:34:00 +0000</pubDate><atom:updated>2007-05-15T12:36:42.861-07:00</atom:updated><title>Cuento de Lengua</title><description>Porque me siento estúpidamente orgullosa de que esta historia ganase un simple concurso. Y más importante, para ver como queda la primera entrada del blog ^^&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Canciones para dormir a los muertos&lt;br /&gt;(Giovanna Tornabuoni)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Erguida y tensa, con el rostro cubierto por el oscuro velo, Giovanna miraba sin ver la triste escena que se desarrollaba ante ella. Sostenía un arrugado y destrozado papel, cuyo mensaje bailaba en su mente y ardía en su corazón, alimentando la llama que la mantenía con vida y desgarrando con su fuego un alma cansada de caminar. Palabras del hombre que la amaba. Palabras de un desconocido. Pero sobretodo, palabras de un asesino.&lt;br /&gt;Los ojos de todos los presentes estaban fijos en una única figura. La viuda del difunto conde seguía de pie al lado de la tumba del que otrora fuera su marido, a pesar de que la ceremonia había terminado hacía tiempo. Muchos eran los que, entre susurros, se quejaban de su tardanza, pero las estrictas normas de cortesía les impedían abandonar el recinto antes que ella. Tampoco nadie se atrevía a decirle nada, pues temían la respuesta de sus labios, que, a pesar de la negra tela del luto, se adivinaban tensos y crispados. El ronco ladrido de un perro en la lejanía pareció sacarla de sus lúgubres pensamientos o, simplemente, su propia mente decidió volver a la realidad. Lo único que les importaba a los invitados era que, con su caminar, un tanto lento y vacilante, hacia el carruaje, ellos podían regresar a sus respectivas casas para disfrutar de los placeres que un entierro les negaba.&lt;br /&gt;Giovanna no oyó las risas que en el pasado la hubieran molestado. Ni siquiera escuchó las condolencias de aquellos que se acercaban a ella. Mientras caminaba hacia su coche sólo percibía la presa que se iba cerrando entorno a ella, más oscura y amenazante que nunca. Toda persona era un enemigo, todo sonido una amenaza, únicamente el carruaje parecía un lugar neutral, sin llegar a ser un refugio seguro. No podía evitar preguntarse quién, de entre toda esa marea de rostros, era el culpable, el que la había estado engañando durante los años que duró la guerra. ¿Quién sabía tanto de ella como para cautivarla con sus palabras? ¿Quién era capaz de guiarla bordeando los senderos de la locura? ¿Quién se había acercado al insigne conde durante el fragor de la batalla para asestarle la puñalada final? ¿Quién era él que la observaba, él que medía sus pasos, él que la seguía como un cazador experimentado?&lt;br /&gt;             Una sacudida le indicó que ya había llegado a su residencia. ¿Había recorrido todo el camino en tan poco tiempo? A ella al menos le parecía imposible.&lt;br /&gt;Podía recordar cómo unos cuantos años atrás, en ese mismo portal, había leído sorprendida una carta anónima, que, debido a su contenido, no podría ser más que de su marido. Rió amargamente. “Los ojos están ciegos a las evidencias cuando el corazón no quiere creerlas” pensó al darse cuenta que acaba de comprender y aceptar el significado de esa sentencia en su totalidad. ¡Qué necia había sido! El hombre con el que se había casado vivía para la riqueza y la guerra, no contemplaba la idea de que su mujer pudiera necesitar algo más que ropas, comida, casa y alguna visita de tanto en tanto. Y sin embargo ella se permitió soñar durante un tiempo que tenía una idea equivocada de él, que esa fachada de hombre frío y distante no era más que un disfraz, una imagen. Pero no era más que eso, un sueño, y como ocurre con todos los sueños estaba condenado a terminar tan pronto como despertase.&lt;br /&gt;La puerta estaba cuidadosamente cerrada. Sobre ella se había colgado un sobre de fina seda, con un único nombre como reseña.&lt;br /&gt;- Alfred… No es necesario que esperes por más tiempo. Puedes marcharte ya.&lt;br /&gt;- Pero, señora…&lt;br /&gt;- No, no te preocupes. –atajó rápidamente- Ha sido un día largo y duro para todos. Sólo quiero…-no parecía segura de que debía contestar- descansar. Sí, descansar por fin.&lt;br /&gt;- Espere,-dijo dándose cuenta de las vacilaciones de su ama- no está bien que…&lt;br /&gt;Sus últimas palabras no fueron oídas más que por la madera que protegía la entrada al pequeño palacete. Debía enfrentarse sola a lo que la esperase.&lt;br /&gt;Una vez dentro, Giovanna se abandonó a la más honda desesperación. Sus piernas no pudieron sostenerla por más tiempo y allí, tendida sobre el suelo de mármol, abrió el sobre. Las manos le temblaban mientras leía la misiva: Volveremos a estar juntos, ya nada nos separa. No era la primera vez que se encontraba con esas palabras.&lt;br /&gt;Cuando los castillos que tanto le había costado construir se derrumbaron, el sol iluminaba con elegancia el jardín y todo lo que en el se encontraba. La noticia de la muerte de su esposo había sumido el lugar en un profundo silencio, por lo que el grito que arranco de su garganta desgarró sin resistencia alguna la atmósfera de tranquilidad en la que el mundo reposaba. Su puño cerrado sujetaba una carta, la última carta anónima. Descubierta la trampa a la que tan mansamente se había dejado conducir, las floridas frases tomaron un cariz peligroso. Las promesas se convirtieron en amenazas. Las súplicas en órdenes. Los recuerdos en sufridos lamentos.&lt;br /&gt;            Otra vez recordaba esas palabras. Otra vez pudo sentir como se abrasaba por dentro. Pero esta vez no había nada que detuviese su caída; la determinación, la rabia y la entereza habían desaparecido con las luces del exterior. Las lágrimas, símbolo de la derrota del cuerpo ante el corazón, adornaban el suelo.&lt;br /&gt;Pasos a su espalda. Un ligero roce en la mejilla. Un suave susurro al oído. Y, finalmente, allí estaba su perseguidor ante ella. Alto y orgulloso, sonriendo con dulzura y autosuficiencia a una mujer arrodillada y derrotada. Giovanna no podía apartar sus ojos de él. Quizás acabara por desaparecer. No podía ser él. Era imposible. Y al mismo tiempo era lo único que tenía sentido.&lt;br /&gt;Joven y agraciado escudero, gran guerrero, perfecto cortesano y consumado músico, cuyo único fallo había sido escoger a la mujer equivocada… no dudaba en proclamar su amor hacia la mujer de su protector, de demostrarlo con sus acciones, intentando conquistarla, embelesándola con sus tonadas de rima fácil y pegadiza, llegando incluso al extremo de colarse en los aposentos privados de la condesa. Cosas de la edad, juegos de adolescentes o ideales trovadorescos lo llamaban mientras dejaban escapar una risa ligera. Y ella les había creído, a pesar de que en su fuero interno veía la fijación de aquel chico, a penas un muchacho imberbe, como un comportamiento propio de un maniaco. Sin previo aviso, estalló la guerra. Conde y escudero partieron junto a todos los demás en busca de su cachito de gloria. Lo que en un principio hubiera servido para templar el carácter del joven, no hizo sino empeorar la situación. La visión de la muerte, el sentimiento de vulnerabilidad y, al mismo tiempo, el descubrimiento de su nueva fuerza y del poder que el cargo de caballero le otorgaba acrecentaron la necesidad que sentía de poseerla, de tenerla a toda costa. De este modo, las cartas que habían comenzado como una forma de desahogarse, pasaron a ser la razón de su existencia. Una vez dejaron de ser suficientes, sus pensamientos se volcaron de lleno en su único rival, en el que había sido como un padre para él.&lt;br /&gt;Su cuerpo, ahora crecido y endurecido con el ejercicio constante, y sus rasgos, abandonada toda la redondez de la infancia, hacían del nuevo hombre un completo desconocido que, sin embargo, Giovanna reconoció sin problemas. Conservaba la misma mirada, la misma expresión, los mismos gestos. Resultados de la obsesión febril que había guiado sus pasos desde la primera vez que la vio asomarse por el balcón.&lt;br /&gt;La situación era demasiado para cualquier persona, más incluso para ella, que se sentía culpable del destino de ese joven. Las barreras de autocontrol se derrumbaron limpiamente cuando la presión se hizo incontenible. El desconsuelo se adueñó de su ser. El pesar inundó sus sentidos. La angustia se llevó su aliento. Giovanna se estaba desmoronando. El temblor de sus manos se extendió por todo su cuerpo sin que el torrente de lágrimas cesara en ningún momento, sin que eso la consolase en modo alguno, haciendo más profundas las heridas que sangraban dentro de ella. Nunca había estado peor. No podía haber algo tan duro. Pero, otra vez, volvía a equivocarse.&lt;br /&gt;Unos brazos, autoritarios y a la par cariñosos, rodearon su cintura y la obligaron a apoyar la cara en el hombro del caballero, donde pudo esconder con facilidad su expresión de total desamparo. Con movimientos rítmicos y constantes su captor intentó tranquilizarla, acunándola, llevándola a un estado de falsa tranquilidad. El hombre dejó que se oyera su profunda voz por primera vez:&lt;br /&gt;Duerme, amor, que todo duerme…&lt;br /&gt;Una nana, lúgubre y trágica en aquella situación, que, sin ella saberlo, repetía cada fibra de su cuerpo. Poco a poco la lenta y acompasada melodía empezó a instalarse en su interior, entrelazándose con su propia serenata, la canción de toda su vida. El miedo y la incertidumbre, hermanos en estos últimos días, se despidieron de ella. Después fueron la impotencia, la rabia, la pasión, el dolor, los remordimientos, la esperanza y luego… nada. Se vació por completo, dejando un cascarón hueco como único recuerdo de una vida pasada. Era una parodia de la existencia. Una muerta en vida. Una sombra con cara de ángel condenada continuar en un mundo que había dejado de ser el suyo. Una autómata que bailara al son del titiritero, una persona nunca más humana.&lt;br /&gt;Ya nada podía herirla. Ya nada emanaba de ella. Ya nada importaba. Ya no quedaba nada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/2394201837984464926-1610969696033190161?l=she-is-a-rocker.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</description><link>http://she-is-a-rocker.blogspot.com/2007/05/cuento-de-lengua.html</link><author>noreply@blogger.com (Kate)</author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></item></channel></rss>