Sin solución
(Esto surgió en Toledo, que es como una cárcel bonita pero soportando a la familia)
…Todo se paga. Los errores inevitables, los crímenes cometidos, los pequeños desvíos del camino trazado, las ideas contrarias a la regla… Todo se paga, tarde o temprano, porque ellos siempre saben los que haces y lo que no.; siempre vigilan, observan, analizan y actúan en respuesta, maquinando el mejor modo de atarte en su red. Si la falta no es muy grave (asesinato, evasión de impuestos, abusos…), las represalias son menores, pero no pienses en ningún momento que tus “pecados” han sido perdonados o han pasado inadvertidos. Un puesto de trabajo que no consigues, un robo inesperado, la cancelación de tu hipoteca, multas, chantaje, suelen ser las mejores penitencias para los pequeños contratiempos. Para los casos perdidos, los que jamás llegarán a alcanzar el ideal de ciudadano, los que tienen la cabeza llena de esas… ¿como decían?… “egoístas creencias sobre el individualismo que causan conmoción en los más débiles y cuyo único desenlace es el fin de la civilización y, por tanto, el caos absoluto”, es decir, los que difieren con el orden que tanto les beneficia son eliminados de esta civilización.
Lo increíble es que no importa. Los engaños y las desapariciones para perpetuar ese control opresivo, propio de un maniaco, sólo arrancan un encogimiento de hombros en la gran mayoría. Claro, quien va a decir nada con todo lo que se posee actualmente: Uno es libre para obedecer, para contribuir con la sociedad, para acusar a otros, para promocionar el sistema, para producir y gastar, para callar y sonreír, para cerrar los ojos, para entregarlo todo, para perder la identidad. Cualquier otra cosa, es poco recomendable. La propia iniciativa, las aspiraciones, las quejas o simplemente la curiosidad conducen a la autodestrucción, al castigo; y aún así todavía hay soñadores que buscan un error en el sistema, una grieta por la que escapar. Gente que, como yo, aprendió demasiado tarde esta valiosa lección…
Jayia cerró el cuaderno con un fuerte golpe. Dirigió una desagradable sonrisa, entre desafiante y asqueada, a la cámara que había grabado todo lo que iba escribiendo y se marchó por la puerta. No se encontró con nadie de camino al alimentadero. Sólo el zumbido de la maquinaria interrumpía la quietud del edificio mientras la chica pasaba la tarjeta de identificación por el lector y recibía su correspondiente ración de comida diaria. No volvió a su habitación, si no que se sentó en una solitaria mesa cercana, blanca como la silla, como las paredes y el techo, como su ropa, como todo lo que había en esa prisión.
Alguien entró en la sala, pero ella ni levantó la mirada para ver quien era. Ese alguien se acercó al mismo sitió donde Jayia había conseguido segundos antes sus alimentos. Realizó el mismo ritual con la tarjeta y el identificador y después de conseguir lo que había ido a buscar se sentó sorprendentemente en la misma mesa que ella. Tampoco eso hizo que la joven dejara de prestar atención a su alimentación para notificar la llegada del individuo.
- Darren –ignorando las barreras del silencio plantó una mano delante de su cara y se presentó. Perezosamente Jayia miró al dueño de la mano que no la dejaba comer. Un chico de unos veinte años de cabello oscuro y revuelto y unos espectaculares ojos azules escrutaba su reacción desde la silla de enfrente. Se sorprendió a si misma examinándolo ella también , preguntándose si él conseguiría evitar el abotargamiento que se había apoderado del resto de los habitantes “Es nuevo, tiene demasiado reciente su vida anterior como para quererla olvidar voluntariamente junto con las causas de su encarcelamiento, sean las que sean. Espero que siga igual el mes que viene” Hacia tiempo que se había desentendido de los demás residentes, pero este tenía algo diferente, especial, que seguramente se borraría en esa ratonera.
Apartó la mirada con la misma indiferencia con la que la había levantado y continuó con su plato. Terminó de comer y volvió a su habitación sin dirigir ni una palabra al desconocido, sabiendo que otra cosa sería perder el tiempo. Lo más probable era que en unas pocas semanas Darren cambiara radicalmente y dejara de poder considerársele una persona para convertirse en un autómata, con el único deseo de agradar a sus carceleros y conseguir así un pequeño privilegio sobre los demás.

1 comentario:
No hay duda de que si las cosas siguen como están, tu pequeño relato de ficción será real. Algún día. O quizás ya lo sea.
Si es un chico tan guapo ese tal Darren... ¿Jayia está tonta? ¡Para una carcél unisex que hay! Qué manera de desaprobecharla xD
Toledo no es una carcél si tú estás ahí para jugar al tenis xD
Mordiscos!
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